BUENOS AIRES: Un buen escenario y un mal resultado – Romina De Luca

Los mejores escenarios no siempre se traducen en buenos resultados. Al igual que en el futbol, la audacia (política en este caso), diferenciarse y saber aprovechar la oportunidad, son aspectos que hacen al resultado final. Las elecciones en el principal sindicato docente a nivel provincial del país -el SUTEBA- del pasado 17 de mayo grafican la importancia de esas premisas. Por qué un burócrata en toda su regla como Roberto Baradel logra imponerse en su peor momento sindical, es una pregunta que aguarda respuesta. La izquierda podía destronar a “Robi”. Tenía un escenario propicio: una paritaria 2017 en suspenso, un salario miserable congelado desde agosto de 2016, el gobierno alineado en una campaña de desprestigio a la conducción sindical actual y decidido a avanzar sobre las condiciones de vida y de trabajo de los docentes y mucha bronca acumulada en el promedio de los compañeros. Sin embargo, una vez más, Baradel se impuso en las elecciones y retuvo la conducción del sindicato por otros largos cuatro años. Los subcampeones son los olvidados de la historia. Si queremos ganar en 2021 debemos sacar las conclusiones del caso. No sirve que la izquierda nucleada en la fuerza Multicolor haga balances triunfalistas, a pesar de su derrota. Tenemos que preguntarnos ¿Por qué perdimos? ¿En qué nos equivocamos? La derrota es dolorosa pero pedagógica. Los docentes que integramos la Corriente Nacional Docente Conti-Santoro hicimos campaña por la fuerza Multicolor entendiendo que estaba en juego algo más que una elección sindical. Creímos -y creemos- que un triunfo allí implicaba ganar un gremio estratégico y una victoria clave para el conjunto de los trabajadores. Hacemos este balance con pesar, pero tenemos que ser adultos y sacar las conclusiones del caso. No sirve ocultar la cabeza si de ganar la próxima se trata. Veamos.

 

Guarismos

 

A casi un mes de la elección la Junta Electoral Provincial aún no publicó los datos del escrutinio definitivo que se realizó el pasado 26 de mayo, lo cual resulta bastante irregular. No obstante, el grueso de los datos de la elección provincial sí se dieron a conocer. En las elecciones 2017, el padrón total se compuso con 91.392 electores. De ésos fueron a votar 55.203 en el total de 2.290 mesas constituidas (60,40% del padrón). Mientras a nivel provincial la Lista Celeste/Turquesa (Baradel) obtuvo 33.609 votos, la Multicolor (encabezada por Romina Del Plá) obtuvo 20.501 votos. La lista de izquierda se alzó con el 37,14% de los votos y la Celeste, de Baradel, con casi el 61% mientras que el voto en blanco cosechó otro 1,3%. Ni bien finalizó la elección Baradel se declaró ganador con más del 70% de los votos. La Junta Electoral Provincial declaró, en paralelo, que el resultado final le otorgaría un 65% de los votos. Aún así, el 62% resulta bastante contundente.

Por su parte, la izquierda salió a demostrar que, a pesar de los guarismos, había realizado una excelente elección y la victoria de su contrincante era resultado del fraude avalado por el Ministerio de Trabajo. Prefirió destacar el triunfo en La Matanza y las restantes seccionales multicolores (Tigre, Bahía Blanca, Marcos Paz, Quilmes, Ensenada, Berazategui y Escobar), el triunfo en General Madariaga (una seccional menor) y el fraude con el que la celeste se logró imponer por seis votos en La Plata. Su lógica para explicar el “triunfazo” fue otra. Señaló que su caudal electoral fue cercano al 45% de los votos considerando el área del Gran Buenos Aires y las seccionales donde competía con lista propia (38 distritos). Un balance autista donde se omite que, en 2013, en esos 38 distritos también obtuvo el 44,34% de los votos. ¿De qué alegrarse entonces? No lo sabemos. Inclusive en las seccionales ya gestionadas por la “amplia avenida” de la izquierda con excepción de Tigre, Berazategui, Ensenada, Escobar y Quilmes, a pesar de un mayor caudal electoral, el porcentaje de votos no creció a favor de la izquierda. Hasta que falle el Ministerio de Trabajo, perdió la capital de la provincia (La Plata) y si le da la razón lo cierto es que, comparado al resultado de 2013, impuso una victoria a lo Pirro, disminuyendo su caudal electoral.

 

Una oportunidad histórica

 

En el momento en que se supone podíamos avanzar, retrocedimos. A diferencia de la elección de 2013, Baradel no llegó con una recomposición salarial bajo el brazo. Más bien lo contrario. En abril, entregó la huelga docente sin haber obtenido un solo peso. El gobierno pedía negociar con “los pibes” en el aula. En un gesto de entrega Baradel resolvió levantar la huelga, decisión que fue acompañada por las seccionales combativas de signo multicolor. Cambió huelga por Carpa. Si bien fue derrotado sindicalmente, Baradel logró retener la iniciativa política: montó la carpa frente al Congreso y fue reprimido por el gobierno nacional. Entregó la huelga y estuvo en la plana mayor de todos los medios. Usó la carpa como sede de campaña y logró concentrar la atención de todos. En ese simple episodio, Robi, logró colocarse como referente del campo opositor anti-macrista nucleando al arco kirchnerista detrás suyo. Fue en ese esquema de polarización que Vidal lo instó a decir a qué partido respondía el dirigente docente. Con la victoria bajo el brazo, Baradel se prepara para escalar a la CTERA y de ahí a la CTA.

La izquierda no logró contraponerle a la Carpa una medida equivalente. No se mostró decidida a continuar la huelga y, por eso, retrocedió en el plano electoral. Decidió no explicar por qué era importante mantener el paro. Puede ser antipático cuando el compañero no quiere parar discutir la importancia de hacerlo. Montó festivales, marcha de antorchas, caravanas y bicicleteadas aquí y allá, pero todas esas acciones no son equiparables a la huelga. La historia de la clase obrera lo demuestra. Los resultados están a la vista de todos. Vidal estuvo casi cuarenta días sin convocar a negociación paritaria entre el 2 de mayo y el 12 de junio. La izquierda se corrió del centro: denunció la “tregua” pero la acató también.

“Tenemos toda la voluntad de llegar a un acuerdo”, avisó Baradel horas antes del paro docente del 14 de junio. Está dispuesto a rifar nuestro salario por chauchas y palitos. Recordemos que el pedido sindical de salario igual a canasta familiar es lisa y llanamente eso, un salario de pobreza. Este es el momento de avanzar. Hay que diferenciarse. La tregua solo nos conduce a salarios de hambre. Pero tampoco alcanza con un paro aislado aquí y allá. Hay que organizar un plan de lucha, de paros progresivos precedidos por un plan de agitación. Mostremos a los compañeros cómo nuestro salario se derrumbó históricamente. En la década del ’30, el salario de una maestra que recién iniciaba le permitía comprar el doble de los bienes y servicios necesarios para sobrevivir. Recuperar ese parámetro salarial debe ser nuestro horizonte. No nos podemos contentar con salarios de pobreza. Ya en la década del ’20 se reconocía que el docente era un proletario intelectual. Se reconocía el componente específico de nuestro trabajo. El gobierno habla de la capacitación y de la calidad y solo lo hace para aumentar nuestra sobrecarga de trabajo, con capacitaciones vaciadas de contenido. Demostrémosle que sabemos quiénes somos y qué necesitamos. Vayamos escuela por escuela discutiendo con los compañeros, convenciéndolos de la necesidad de salir juntos a las calles. Está en juego mucho más que nuestro salario. Tenemos un mundo por ganar. La izquierda tiene que animarse a dar ese salto. No podemos seguir esperando. Ahora es cuando.

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