BUENOS AIRES: La situación de los comedores escolares

Por: Martín Rodríguez 

El verso de Maru

A fines del año pasado, la gobernadora Vidal presentó el Plan de Mejoras para el Servicio Alimentario Escolar (SAE). Según las fuentes oficiales, el SAE contará con un presupuesto anual estimado en 4.200 millones de pesos que serán repartidos entre 123 distritos escolares y doce municipios en condiciones de “vulnerabilidad social”. A su vez, el presupuesto por alumno también aumentó, pasando de $12,60 a $16,40 para el almuerzo, y de $7,90 a $10,30 para el desayuno o merienda. El plan también incluyó recomendaciones nutricionales. Sin embargo, a pesar de que el presupuesto aumentó en un 30%, la cantidad de dinero invertida por alumno lejos se encuentra de satisfacer las necesidades básicas alimentarias y corre muy detrás de la inflación acumulada entre 2016 y 2017.

Luego de lanzar esta cortina de humo amarillo, Vidal aprovechó el envión para sancionar el decreto 2077/16. El mismo abre la posibilidad de que los SAE sean transferidos de la provincia a los municipios. De esta manera, se comenzó ensayando una serie de “pruebas piloto” con los municipios de Lanús, Tres de Febrero, Vicente López, Junín, Hurlingham, Escobar, Almirante Brown, Pilar, Ezeiza, San Isidro, Morón y Pinamar. La medida no se extendió a otros distritos gracias a la apelación judicial de los sindicatos docentes y de los consejos escolares. ¿Qué implica el traspaso a los Municipios? Muy sencillo. La política educativa de Cambiemos sigue las tendencias descentralizadoras que viene gestándose desde hace por lo menos medio siglo. Esta nueva transferencia agrega un ladrillo más en la construcción de un sistema educativo fragmentado y degradado porque la descentralización fue usada por todos los gobiernos de turno para implementar un ajuste y un ahorro de recursos. El problema nos impone analizar dos aspectos. Por un lado, las razones que explican la sanción del decreto. Por el otro, el estado de los comedores escolares. Vayamos por partes.

Otro giro de tuerca

Decíamos que el decreto tiene un objetivo claro: imponer una mayor descentralización del sistema educativo. En este sentido, cuando la provincia decide dejar de hacerse cargo del SAE, se ahorra una parva de recursos porque la calidad del servicio pasa a depender de las posibilidades de recaudación fiscal de cada municipio y de la relación que tenga con el gobierno provincial al momento de recibir fondos. De paso, la provincia se desentiende de sus responsabilidades políticas, logrando segmentar aún más la lucha docente entre cada distrito. Por último, el decreto trae consigo mayores niveles de explotación ya que las empresas mediante las cuales se terceriza el servicio son empleadoras de mano de obra barata, en negro y altamente precarizada.

Otro elemento ajustador es la facultad otorgada a los Municipios para definir cuántos cupos asigna a cada escuela. En caso que se prevea aumentarlos serán los Municipios los que deban afrontar los mayores costos. Si el cálculo sobre la cantidad de chicos que asisten a los comedores ya se encontraba desactualizado, es evidente que esta medida no va a solucionar el problema, sino todo lo contrario. Lo que observamos entonces, es como los comedores hacen toda clase de malabares para que la comida alcance para todos. ¡A ver! 

Las miserias diarias

El plan diseñó una serie de recomendaciones para el menú escolar, estableciendo un piso mínimo de nutrientes que deben adquirir los alumnos. Allí se sugiere para el desayuno/merienda “una porción de leche o yogur para asegurar el aporte de calcio, la incorporación de frutas y una reducción del contenido de azúcares agregados, grasas saturadas y sodio”. Para los almuerzos se aconseja aumentar las cantidades de hortalizas no feculentas (brócoli, zanahorias, apio, pepino, pimientos, tomates, cebollas, perejil, ajo, berenjena, espinaca, acelga, calabacines), incorporar alimentos que posean altos valores de proteínas biológicos (huevos, lácteos, carnes) y añadir fibras con legumbres y cereales integrales. Finalmente se recomienda la presencia de frutas frescas a modo de postre. Nuevamente, el gobierno de Vidal busca mostrarse ante la sociedad como una gestión eficiente que cuida a nuestros pibes. Sin embargo, la realidad de los comedores va por un carril paralelo.

En primer lugar, existen denuncias por la falta de alimentos que son destinados a los comedores. En otros casos también se denuncia la calidad de los alimentos entregados. Un ejemplo de ello se dio en Morón, en donde varias escuelas recibieron alimentos vencidos o directamente agusanados. A esto se le suma el problema de la falta de cupos asignados a cada escuela. Este asunto no es nuevo ya que desde que se extendió la obligatoriedad del nivel secundario e inicial, no se ha actualizado la cantidad de cupos asignados. En medio de una crisis como la que estamos viviendo, en donde el desempleo aumenta, los comedores se abultan notablemente con la incorporación no solo de los alumnos, sino de sus familiares que encuentran en la escuela una fuente de alimentación diaria.  

Así es como vemos que los comedores racionalizan como pueden las raciones de comida, haciendo que, con esos miserables $16 diarios coman dos o tres chicos. Por este motivo, vemos como se repiten las mismas comidas cada día: guiso de arroz, guiso de lentejas, fideos con salsa o solos, arroz con pollo, carne con puré, etc. Si tienen suerte reciben una fruta luego de comer. Arroz con pollo… bueno, depende si consideramos que se puede preparar esa comida para 200 alumnos con apenas 5 pollos lo que da 1 veinteava parte por alumno. Algo similar ocurre con el eufemismo “carne” con puré, la carne fue reemplazada por milanesa de soja hace muchos años en los comedores bonaerenses. Indefectiblemente, la dieta escolar fluctúa entre arroz, polenta y fideos del nivel inicial al secundario. Los desayunos no son mejores: en algunas escuelas no tienen garantizado el vaso de leche por día. La mayoría de las veces los pibes reciben mate cocido o té porque son insumos más baratos y rendidores. Las infusiones suelen ser acompañadas por un pedazo de pan a secas, si tienen suerte un sándwich con una feta de queso o un par de galletitas. En muchas escuelas esa es la única comida que van esos pibes en todo el día…

La salida

Queda claro que a la clase dirigente le interesa muy poco la educación de la clase trabajadora. Lo único que puede ofrecerle a nuestros alumnos son edificios desplomados, contenidos mínimos y unas cuantas migajas para comer. La única forma de que esto cambie radicalmente es haciéndonos cargo del SAE. En este sentido, los sindicatos deben tener el control de los recursos destinados a los comedores escolares. No debemos acostumbrarnos a la miseria. Esta bronca acumulada ante tanta injusticia debe transformarse en un gran puño que tome las riendas del futuro y humanice de una vez por todas a esta sociedad cambiándola de raíz.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *