Argentina vs. Brasil: lavarropas, televisores y fútbol

 

Por Juan Kornblihtt[i]

 

Una vez más, Kirchner apareció en los medios de comunicación como el defensor de los intereses económicos nacionales. Esta vez en favor de los industriales locales frente a la invasión de electrodomésticos brasileños. La crisis se desató o a principios de julio, justo antes de la reunión del Mercosur, cuando Lavagna estableció un impuesto de más del 20% a la importación de lavarropas y cocinas brasileras. La medida, por supuesto, fue resistida por los industriales brasileños, pero también por el sindicato de metalúrgicos, que manifestó frente a la embajada argentina para exigir que dureza al gobierno de Lula, con el argumento de que si se limitan las exportaciones, alrededor de 1.000 obreros brasileños perderían sus puestos de trabajo. Rápidamente, Lula salió en defensa de las multinacionales que a partir de la crisis del 2001 abandonaron la Argentina para abastecer al Mercosur desde la zona libre de impuestos en Manaos. Así, la reunión del Mercosur que, con la presencia de Chávez, parecía la oportunidad ideal para sellar la alianza entre los líderes progresistas de la región (con la que sueñan todos los nac & pop) se convirtió en la “guerra de las heladeras”, al decir de los medios del país vecino.

 

A quién defiende Kirchner

 

La tasa se estableció a partir del reclamo de productores locales y busca garantizar su lugar en un mercado en el que los brasileños ya dominan más del 50%. Los electrodomésticos que llegan desde Brasil son fabricados por empresas multinacionales, como Whirlpool o Sony. Algunas de estas grandes empresas antes producían en la Argentina, pero a partir de la profundización de la crisis sólo matuvieron sus plantas en Brasil, para desde allí abastecer a la región. En la Argentina, las empresas que producen se limitan a un tamaño mediano o pequeño. Así como lo demuestran algunos estudios elaborados por el CEP, la escala de producción les impide competir con las multinacionales. Además los salarios argentinos son más altos que los brasileños (el salario mínimo en Brasil es de 85 dólares mientras que en Argentina es de US$ 135) y en Brasil hay más subsidios a la exportación y exenciones impositivas. En definitiva todas condiciones que atentan contra la pervivencia de una industria nacional que, sin embargo, parece crecer y afianzar la idea de que Kirchner nos lleva rumbo al desarrollo económico autosostenido.

El conflicto con Brasil vuelve a poner en duda esa ilusión tan nac&pop. Como señalamos en una nota anterior del El Aromo, es la producción de mercancías agrarias el sostén de entrada de divisas al país. Sólo algunas producciones de tipo industrial como las golosinas de Arcor o los caños de Techint llegan a competir a nivel internacional. El resto resurgió a partir de una devaluación que se sostiene gracias a la transferencia de ingresos desde el agro hacia la compra permanente de dólares para mantenerlo a un precio alto. Pero este resurgir de los pequeños capitales, en muchos casos de maquinaria obsoleta[ii], no es una novedad en la historia argentina. Ocurre luego de cada crisis. Y las consecuencias fueron simpre las mismas: al poco tiempo los pequeños capitales mueren[iii], dejando el tendal de quiebras y desocupados. Es que los efectos “desarrollistas” de la subvaluación no se puede sostener indefinidamente. Por otra parte, sus efectos proteccionistas sobre la producción local empiezan a agotarse, con la progresiva crisis de Brasil que llevó  un devaluación del Real frente al dólar. Así el efecto en favor de los fabricantes locales duró poco y nada. Recién en estos meses comienza a resurgir una demanda sostenida de bienes de consumo, en especial, la venta de autos y electrodomésticos. Y con este crecimiento se hizo evidente que los productores locales no iban a poder competir. El primer síntoma fue un leve freno en el crecimiento industrial.

En ese momento, llegó la protección de Kirchner. La primera medida fue establecer una tasa a la importación. La negociación, que terminó en un acuerdo entre los gobiernos de Argentina y Brasil, establece un cupo de venta para Brasil sin impuestos. Este acuerdo favorece a los productores locales, pero no fue aceptado por la cámara que agrupa a su contraparte brasileños (Electros), que amenaza con demandar a la Argentina ante la Organización Mundial del Comercio. Kirchner intenta con estas medidas proteger a los pequeños y medianos capitales que son quienes han hecho subir (poco) las cifras de empleo. Sin embargo es consciente de las limitaciones de aliarse a estos sectores. Como se muestra en la nota de esta misma página, su principal aliado en la burguesía local es Techint. Que a la vez es otros de los beneficiados por la medida que venimos comentando, ya que es el proveedor de insumos para los fabricantes locales. En definitiva, al defender a los pequeños lejos esta de defender a los obreros. Ante la primer crisis estos pequeños capitales van a desaparecer y Kirchner deberá sostenerse en los brazos de Techint.

 

Unidad bolivariana, o alianza de burguesías

 

La crisis con Brasil no pudo ser resulta por el acuerdo de ministros. Es que los industriales brasileros son concientes de que la crisis argentina no se va a solucionar con alguna medida aislada. Temen que se desate una ola proteccionista que avance hacia la importación de autos y otros productos. De hecho, mientras se negociaba un acuerdo para la venta de heladeras y lavarropas, la Argentina estableció una tasa a la importación de televisores, desatando una nueva crisis.

Por todo esto resurgió una ola anti-argentina en Brasil que no se limitó a la final de la Copa América. Se trata de la conciencia de que la alianza entre políticos no es una búsqueda de unidad latinoamericana, sino la expresión de los intereses de las burguesías regionales. Y cada vez está más claro que las de Argentina y Brasil están en pugna ante la reducción del mercado. Pelea que se traslada a la venta de materias primas como la soja, en la que ambos compiten por abastecer a China y que se reflejó durante la negociación entre Brasil y la Unión Europea por la venta de azúcar, en la que un secretario del gobierno de Brasil acusó a la Argentina de entorpecer las negociaciones.

Mientras Brasil se peleaba con Argentina, Kirchner apareció abrazado con Hugo Chávez y con el presidente boliviano, Carlos Mesa. ¿Acaso allí si hay afinidad política? No. La diferencia es que las sucursales en esos países de Techint y Repsol, aliados del Señor K, planean negocios comunes con la Argentina. Unos a través de proveer de insumos al petróleo venezolano y los otros por comprarle gas. Como se ve, las alianzas “bolivarianas”, lejos de buscar una unidad de los pueblos latinoamericanos como sueñan algunos trasnochados, siguen el ritmo de peleas y acuerdos entre las burguesía nacionales y multinacionales.

iIntegrante del Grupo de Coyuntura Económica del CEICS-RyR

iiKabat, M.: “Un paso adelante, dos pasos atrás: los límites del crecimiento del empleo manufacturero”, en El Aromo 11, junio de 2004.

iiiBil, D.: “Paraísos efímeros. La primer Guerra Mundial y las pymes de la industria gráfica” en El Aromo 12, julio de 2004

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