Aquellos tiempos difíciles. Dirigentes sindicales hablan sobre la situación de la izquierda en los ’90 y en la actualidad

Santiago Ponce
Laboratorio de Análisis Político-CEICS

Durante varias entregas, nuestra investigación sobre la relación entre la izquierda y la clase obrera en los últimos veinte años, expuso resultados con estadísticas sobre las diversas ramas. En esta oportunidad, ofrecemos testimonios de aquellos que protagonizaron esos eventos. Se trata de dos dirigentes de izquierda que militaron en los años ’90 en su sindicato. El primero es Eduardo De la Fuente, militante del PO, en Utpba. El segundo, Ramón Bogado, del PCR, en la rama de la alimentación.

1) ¿Qué diferencias encuentra entre el peso de la izquierda en los sindicatos durante los años ’90 y el que tiene actualmente?

Eduardo De la Fuente: Creo que la izquierda ha incrementado en la presente etapa su peso en los sindicatos, sobre todo en las organizaciones de base. Hoy es capaz de disputarle a la burocracia algunos gremios de mayor importancia.

Ramón Bogado: Creo que hubo luchas muy importantes encabezadas por compañeros representantes de esta corriente política-sindical y con una conciencia de clase muy grande en la enorme masa obrera, fundamentalmente en trabajadores del Estado. El menemismo manipuló a los obreros con mentiras en su campaña electoral y con su política entreguista y de miseria, con una gran difusión mediática privatizadora encarnada en Bernardo Neustadt. Luchas que fueron derrotadas con la complicidad de los jerarcas sindicales en ferroviarios, telefónicos, agua y energía, recursos minerales, profesionales, petroleros, etc.

2) ¿Cuáles eran las dificultades de la militancia sindical cotidiana de un compañero de izquierda en aquellos años?

EF: En los ’90, el avance del liberalismo sobre la economía fue determinante. Hubo sectores de la burocracia (ferroviarios, petroleros, etc.) que claudicaron abiertamente, lo que dejó espacios vacíos. De todos modos, la miseria y el hambre (como dramas concretos) permitieron a la izquierda jugar un rol concreto, pero dificultoso. De allí surgieron los grandes movimientos sociales de fogoneros y piqueteros. En los ‘90 la izquierda jugó un rol fundamental ante grandes masas. Pero eso no facilitó el desempeño sindical. Es cierto que era más sencillo ganar posiciones frente a la brutalidad de los hechos. Hoy, sin embargo, el desafío es más complejo ya que hay que competir con el pseudo izquierdismo de los filo K. Pero el debate es más rico y las posiciones que se ganan son relativamente más firmes y profundas. Determinados sectores de la izquierda hemos aprendido a impulsar osadamente el frente único de clase, sin perder las perspectivas ideológicas.

RB: Siempre hubo dificultades para el trabajo de nuestras fuerzas clasistas. Yo recuerdo que en la alimentación y en Terrabusi, las empresas y el menemismo metían a fondo, el chantaje de la perdida de puestos de trabajo, que costaba horrores poder revertir y, por lo tanto, tenías que ser muy cuidadoso en el trabajo del armado de fuerzas y llevaba más tiempo. Es ahí cuando comienzan a ver las masas los millones de desocupados que eran arrojados por esa política, con control político, fábrica por fábrica, con la compra y regalías a los conciliadores de los sindicatos y la CGT.

3) ¿La burocracia está más fuerte o más débil?

EF: La burocracia está más cuestionada de conjunto después de los ‘90 y el macartismo es más difícil. Un ejemplo lo da el propio gremio de los periodistas en Capital, la Utpba. Este gremio supuestamente “progre” anteriormente ganaba las asambleas recurriendo a jubilados y colaboradores (muchos de ellos truchos). Hoy tiene que recurrir a la ayuda desesperada de otras burocracias y sectores políticos afines (el sabatellismo, por ejemplo) para infiltrar 400 votantes en una asamblea. Antes nos ganaban con fuerzas, discutibles, pero de adentro del sindicato. Ahora, deben recurrir aviesamente al afuera.

RB: La gran mayoría son “perros sarnosos” en todos lados y no te digo nada en el movimiento obrero. Se manejan con aparatos armados y engrasados por los gobiernos de turno y los monopolios. Para estar tranquilos ellos, ganar guita, mantener el sistema capitalista, te persiguen con la judicialización de la protesta a los que luchan, por las elecciones en gremios grandes, muy difícil sacarlos, ante la miseria compran delegados, trabajadores y meten a fondo el fraude ayudados por el gobierno, a través del Ministerio de trabajo, pero no pisan las fabricas.

4) ¿Podría relatar alguna anécdota ilustrativa que ejemplifique la dificultad del trabajo sindical en aquellos años?

 EP: Las mayores dificultades radicaban en el horror al desempleo, tema que paralizaba y el otro gran problema era que había que ocuparse de casos de extrema miseria. Por ejemplo en los lugares de trabajo no abundaban los candidatos a delegados, pero la mayoría de los trabajadores estaban dispuestos al asistencialismo en cualquiera de sus formas.

RB: Llegaron los monopolios extranjeros a copar las ramas de la producción junto con la política de convertibilidad y endeudamiento. Es así que en la alimentación los burgueses locales vendieron en dólares y entregaron sus fábricas. Montagna a los yanquis, Stani a los ingleses, Bagley a los franceses, Nestlé a los suizos. Estos monopolios fueron concentrando su producción en un mercado argentino que se achica y hay miles de despidos. En particular, del ‘92 al ’98. En Terrabusi: entre la Nabisco y Kraft Foods cerraron su casa central con 1.800 trabajadores. En Suchards, despidieron a 800. En Royal, a 600. En Capri, a 500. En Mayco, a 500. Era difícil.

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