Amalita Fortabat: una burguesa en serio. Una discusión con el reformismo sobre la burguesía nacional

a66betaniaBetania Farfaro Ruiz
Grupo de Investigación de la Historia Económica de Argentina

¿Quién fue Amalita? ¿Una expresión de una sociedad abierta al talento? ¿Una mera especuladora que no quiso invertir? Aquí un breve repaso por su vida y la constatación de que la señora no fue ni más ni menos que una burguesa con todas las letras.

La muerte de Amalia Lacroze de Fortabat, una de las empresarias más importantes de las últimas décadas, llevó a una discusión en los medios sobre el carácter de la burguesía nacional. Mientras la prensa liberal la elogiaba, por izquierda y centroizquierda muchos periodistas e intelectuales enfatizaron en la supuesta mayor aversión al riesgo y a la inversión de la patronal criolla en relación a sus pares de otros países. Sin embargo, a través de la historia de Amalita, se corrobora el hecho de que el capitalismo en nuestro país ha logrado desarrollar a una clase dominante que no se comporta de forma “anormal”, sino que lo hace siguiendo una lógica clara y definida: la inversión en tecnología y los negocios (y negociados) con el Estado, sin importar el gobierno de turno, para aumentar la tasa de explotación. Que en general alcance un nivel menor que sus competidores y necesite de la renta de la tierra y de la deuda externa para compensar su ineficiencia, no la hace menos burguesa.

Las diferentes caracterizaciones

Los medios encargados de cubrir la noticia del deceso de la señora difundieron reseñas biográficas acerca de la vida de la empresaria. La Nación, Ámbito Financiero y El Cronista Comercial la presentaron como una “mujer de negocios” que supo desarrollar una “habilidad personal” para relacionarse con los gobiernos a fin de incrementar su patrimonio tras la muerte de su marido. Ninguno de estos diarios criticó negativamente este hecho presentado como una “virtud” que la convirtió en una referente para los demás empresarios.
La prensa kirchnerista representada por Página/12 y 678, la caracterizó en forma peyorativa, pero negando su pertenencia a la burguesía nacional, al asociarla a una “oligarquía diversificada”, que habría tomado el poder a partir del golpe del ´76, y que se caracterizaría por su carácter improductivo y especulativo1. Se retoma la línea del economista de Flacso, Eduardo Basualdo, quien sostiene la existencia de una fracción empresarial conformada por capitales transnacionales y nacionales concentrados, que habrían impuesto un “nuevo modelo de acumulación” basado en las finanzas y los subsidios. Su control del Estado habría llevado a políticas económicas en detrimento de los sectores industriales productivos (la “verdadera” burguesía nacional). Este nuevo patrón de acumulación habría provocado desindustrialización y desocupación al desmantelar la estructura productiva desarrollada durante el periodo de la ISI, perjudicando al país2. La Fortabat sería entonces la expresión de esta burguesía cipaya a la cual habría que desplazar por burgueses nacionales en serio. En síntesis, mientras unos idealizan su comportamiento, sin ver los límites de la burguesía nacional, otros encuentran una burguesa que no entra dentro de su paladar y la excomulgan, para salvar al resto de la clase.

Dime con quién andas y te diré quién eres

Amalia Lacroze de Fortabat cobró un rol preponderante meses antes del golpe de Estado de 1976. Hasta ese entonces, su figura se destacaba principalmente por su pertenencia a una de las familias más adineradas de las Argentina. La muerte de su marido, el empresario Alfredo Fortabat, la convirtió en la responsable de su principal activo: Loma Negra. Con ella, la cementera se consolidó como uno de los capitales más concentrados y centralizados de la Argentina.
Su apoyo al régimen militar posibilitó el crecimiento de la empresa sobre la base de una serie de acuerdos económicos destinados a fomentar su desarrollo competitivo, a partir del aumento de la escala media de producción. De esta manera, una serie de beneficios industriales y comerciales la convirtieron en la principal proveedora de cemento para las obras públicas. Asimismo, supo aprovechar las leyes de promoción industrial, construyendo nuevos emprendimientos en el interior del país, para los cuales contó con el desgravamiento de impuestos a las ganancias por diez años y la exención del pago de derechos de importación por 23 millones de dólares3. Gracias a las transferencias estatales, Loma Negra pudo compensar su retraso y ganar posiciones en el mercado. Pero no fue sólo especulación: la producción de Loma Negra para el periodo ´76-´80 aumentó el 24,8%.
Otro punto en el cual se centran las críticas es en el carácter monopólico u oligopólico de su empresa. En efecto, en 1981 se produce la “cartelización” del mercado del cemento. Dicho acontecimiento implicó el repartimiento de áreas, el establecimiento de cuotas de producción y la fijación de precios entre diferentes empresas. Pese a que los acuerdos firmados se mantuvieron en el tiempo, no se produjo -como creen los teóricos “monopolistas”- una interrupción de la expansión productiva, tampoco un retroceso en cuanto a los niveles de industrialización de la rama, sino todo lo contrario. Durante el transcurso de los ´80, las principales empresas del sector abrieron fábricas en los distintos puntos del país. Loma Negra instaló en El Alto (Catamarca) una nueva fábrica de cemento, incrementó la capacidad de producción de sus fábricas en Olavarría y Barker (Buenos Aires), El Alto y Zapala (Neuquén) e inauguró una planta de molienda en la Isla de Yacyretá (Corrientes)4. Con el cambio de gobierno, la ecuación no cambió: durante los años del alfonsinismo, las relaciones políticas entre Fortabat y el Estado nacional tuvieron como objetivo acuerdos de abastecimiento para la construcción de grandes obra hidráulicas: El Chocón, Yacyretá y Salto Grande.
Durante los ´90, Loma Negra consolidó su posición dentro del mercado al concentrar su capital absorbiendo otras empresas competidoras. Además, obtuvo la concesión de Ferrosur (transportes de carga), posibilitando la interconexión de sus fábricas, invirtió en nuevas plantas (L´Amalí y Ecocemento) y en recicladoras de residuos industriales (Recycomb). Asimismo, construyó un centro logístico destinado a mejorar su calidad técnica (LomaSer)5. Lógicamente, mantuvo relaciones comerciales con el gobierno menemista, a fin de proveer materiales para la construcción de autopistas y otras obras.
No obstante, por esta época, empezaba a configurarse la crisis de Loma Negra. Aunque controlaba el mercado interno, la presión de los competidores externos (en particular de Brasil) empezaba a sentirse. Para enfrentar esta situación, realizó una fuerte inversión (otra vez contra los pronósticos de los teóricos de su carácter especulador), pero la crisis impactó en forma negativa al caer el consumo interno y Loma Negra pasó de producir 7,2 millones de toneladas, en 1999, a 4,9 en el 2003. El resultado fue un pasivo de 400 millones de dólares en deudas a diferentes bancos y una demanda interna en picada. Ahí se acabó la experiencia de Amalita, que tuvo que vender su empresa. No fue la única: la crisis barrió también con los dueños locales de Quilmes, Pecom Energía, Alpargatas y parte de Acindar.

Parásitos

Como pudimos observar, el problema no parece radicar en lo que Amalita hizo o dejó de hacer, sino más bien en las idealizaciones en torno a lo que se cree que debe ser y hacer un burgués. Buena parte de los medios de comunicación y de los intelectuales que comentaron la muerte de la empresaria lo hicieron a partir de una serie de preconceptos ideológicos y morales que encierran ilusiones pequeño burguesas de desarrollo igualitario y democrático.
A partir del análisis de su desempeño, podemos afirmar que Amalia Lacroze de Fortabat se comportó como integrante de la burguesía nacional. Esto significó realizar inversiones en capital fijo, nuevas fábricas, fusiones con otros capitales, dar apoyo político a la dictadura, promover la cartelización y los acuerdos comerciales con el alfonsinismo y relaciones cercanas al menemismo. Todas estas tareas poco tuvieron que ver con la pertenencia a una fracción “parasitaria”. En todo caso, si consideramos a Amalita como parásito, es porque la burguesía en su conjunto lo es y no solamente una fracción. Parásitos, porque viven del trabajo ajeno, sean argentinos o extranjeros, grandes o chicos.

Notas:

1 Véase www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-187926-2012-02-19.html.
2 Basualdo, Eduardo, Aspiazu, Daniel y Khavisse, Miguel: El nuevo poder económico en la Argentina de los ´80. Ed. Legasa, Buenos Aires, 1986.
3 Véase www.lanacion.com.ar/1449858-amalita-la-dama-del-cemento.
4 Véase www.afcp.org.ar/index.php?IDM=13&mpal=1&alias=Evoluci%F3n%20del%20sector%20Cementero.
5 Ídem.

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