Alumnos de Cavallo. Las negociaciones colectivas tras la “década ganada”

 

 

 

El kirchnerismo dice nadie ha ganado tanto en su período como los trabajadores. Si usted cree en este relato, lea esta nota. Aquí le mostramos cómo el Gobierno mantiene la prohibición de indexar los salarios por convenio que impuso Menem en los ‘90. Así, obliga a los obreros a correr todos los años tras la inflación, en una competencia desigual.

 

 

Ianina Harari

GIPT-CEICS

 

 

Para gran parte de la clase obrera, este fin de año no parece muy feliz. La inflación, que el Gobierno cada vez se preocupa menos por negar (y mucho menos, por combatir), comenzó a acelerarse más de lo previsto. Los paupérrimos aumentos conseguidos en las paritarias ya no alcanzan para igualar la carrera contra los precios y los pedidos de bonos y reapertura de paritarias se multiplicaron.

 

La carrera salarial

 

Desde que asumió, el kirchnerismo se jactó de otorgar aumentos salariales. Efectivamente, desde 2003 los sueldos reales aumentaron. No obstante, estos recién alcanzaron los niveles salariales anteriores a la crisis de 2001, en 2010. Claro que manteniéndose en los magros niveles de los ‘90.[1] Es decir, la “redistribución” kirchnerista no superó los mejores años del menemismo. Frente a este panorama, este año, los acuerdos salariales que se firmaron rondaron el 24% impuesto por el Gobierno. El ejemplo rector fue la paritaria metalúrgica, que firmó por esa cifra a 12 meses. Caló, el líder de ese gremio y de la CGT oficialista, abandonó las amenazas de medidas de fuerza y aceptó este porcentaje. En general, los aumentos conseguidos fueron otorgados en cómodas cuotas para las patronales, con lo cual muchos obreros estarán recibiendo la última a inicios de 2014 y tendrán que esperar al menos hasta marzo, si el panorama no cambia, para rediscutir salarios. En peor situación se encuentran los gremios que firmaron por un término mayor al año.

El plazo de vigencia de los acuerdos fue otro punto por el que presionó el Gobierno. La Casa Rosada pretendía una negociación a 18 meses, lo cual fue acatado por algunos gremios como CONADUH, Suterh, Obras Sanitarias y Luz y Fuerza. Este último, por ejemplo, pactó un aumento del 23% en 2013 y un 7% para enero de 2014. Lo ridículo de esto es que las paritarias se reabrirían nuevamente recién en junio, luego de medio año de inflación sin que se actualicen los salarios. Los docentes universitarios son otro caso lamentable: recibieron un 22% en tres cuotas durante 2013, cobrarán un 7% en enero y tampoco podrían volver a negociar hasta junio. Si se establece un promedio mensual de los aumentos logrados, quienes firmaron a 12 meses se ubican alrededor del 2%, mientras quienes lo hicieron a 18, alrededor del 1,5%.

Los gremios no oficialistas no escaparon de esta tendencia general. El caso de camioneros es elocuente en ese sentido. Con una retórica combativa, Moyano salió a reclamar un 34% y anunció medidas de fuerza que no se concretaron. Finalmente, acordó un aumento del 26% en 3 cuotas, la última de ellas del 6%, a cobrar en marzo. Es decir, no tuvo un desempeño muy diferente al de su rival. Otros gremios realizaron medidas de fuerza, pero obtuvieron resultados igualmente magros, como los aceiteros que tras dos días de paro negociaron un aumento de entre el 22% y el 25%, según la categoría. En varias ramas hubo que salir a luchar para obtener incrementos que, finalmente, quedaron detrás de la inflación.

A estos problemas se agrega la cuestión de las sumas en negro, que no son en sí mismas aumentos salariales, no se incorporan al básico, no se computan para las cargas sociales y, en muchos casos, se pagan por única vez. Lejos de la tendencia a blanquear los salarios, en los dos últimos años ha aumentado el porcentaje de este tipo de remuneraciones. Un ejemplo extremo es el caso de la Asociación Minera, que en 2013 consiguió un aumento del 28%, pero solo la mitad en blanco.

 

De miseria, virtud

 

El ministro de Trabajo exhibe con un incomprensible orgullo el número de acuerdos salariales firmados bajo los gobiernos kirchneristas. Cada vez que tiene oportunidad, recalca que la “década ganada” ha sido uno de los períodos más amplios de vigencia de la negociación colectiva y en el que se han firmado una mayor cantidad de convenios. Todo lo cual sería, según el amigo de Pedraza, un gran mérito del Gobierno. Sin embargo, a nadie se le escapa que la sucesiva firma de convenios no es más que un reflejo de la inflación. Ahora bien, si esta no es un fenómeno nuevo en la Argentina, ¿por qué en este período se firman más acuerdos que en otras épocas? En este punto, es donde el kirchnerismo calla. Hasta los ’80 los convenios colectivos podían incluir una clausula que indexara los salarios por inflación o bien permitiera actualizarlos periódicamente sin necesidad de firmar un nuevo acuerdo. Esto se conocía como “cláusula gatillo”. En la década del ’90, esta posibilidad quedó vedada tras la sanción de la Ley de Convertibilidad. Ahora bien, esta ley, además de los salarios, prohibía indexar deudas, como forma de mantener controlada la inflación. El kirchnerismo propone hoy una combinación más reaccionaria que la de Cavallo: habilita la indexación de las deudas, mientras prohíbe la de los salarios. El resultado: mientras sus deudas se indexan, el obrero debe vivir con un ingreso que queda detrás de la inflación. Por otra parte, obliga a los gremios a negociar los incrementos salariales año a año, desde cero. Haber ganado o empatado la carrera un año, no garantiza nada para el siguiente.

Ninguna central sindical ha reparado en este problema. Aunque existe la posibilidad de negociar por plazos menores, esto no se ha generalizado. En casos aislados, se firmaron cláusulas que permitían la reapertura de paritarias si la inflación se disparaba, como en el caso de los estatales santafesinos en 2010. Pero esto ha sido más bien la excepción. De hecho, el Gobierno, no conforme con impedir la indexación salarial, se niega homologar convenios por plazos inferiores al año (esto desató un conflicto con bancarios a inicios de 2013) y presiona, como hemos visto, por la firma a 18 meses.

 

Insuficiente

 

A pesar de que las paritarias salariales se realizan anualmente, la inflación no espera la nueva negociación. Por eso, los aumentos de 2013 ya quedaron cortos. Sobre todo, teniendo en cuenta que en muchos gremios la última cuota se cobrará en 2014. La inflación real acumulada hasta octubre, que es el último dato disponible, ha sido del 21, 95%. Si la aceleración de los precios continúa, no resulta exagerado esperar que para fin de año supere el 30%. A esto se suma que el gobierno se negó a eximir el medio aguinaldo de diciembre del impuesto a las ganancias. Por ello, los pedidos de reapertura de paritarias y bonos de fin de año se extendieron.

Las cúpulas sindicales, a excepción de la CTA opositora, se bajaron del reclamo de aperturas de paritarias generales. Tanto Moyano como Caló sólo piden un bono de fin año. Pero, varios gremios se lanzaron a exigir la reapertura de paritarias: desde los docentes y médicos bonaerenses hasta los trabajadores rurales. El propio Venegas, de UATRE, tuvo que salir a cortar rutas por este reclamo, tras recibir solo un 14% de aumento. Los empleados de comercio consiguieron un bono extraordinario de varias cadenas de supermercados y electrodomésticos. En tanto, los cerveceros, que suelen negociar en diciembre (dado que es la época de mayor actividad del sector), cerraron en un 26,5%. Parece ser que el Gobierno busca imponer un techo menor para el año entrante, que rondaría el 20% y, por ello, este acuerdo no lo habría contentado.

Los gremios estatales se encuentran entre los más movilizados, en especial, a nivel provincial. Pese a que Capitanich anunció que no tiene previsto la entrega de un bono navideño para la administración nacional, muchos gobernadores enfrentan reclamos de este tipo. En Jujuy, por ejemplo, la Intersindical -que nuclea varios gremios provinciales de empleados estatales- lanzó un plan de lucha progresivo por el reclamo de un bono de fin de año. En Buenos Aires, Scioli afronta el reclamo de reapertura de paritarias encabezado por los gremios docentes. También en Córdoba, docentes y estatales realizaron manifestaciones por esta demanda. En La Pampa, el gobernador tuvo que reabrir paritarias, tras el pedido de la Mesa Intersindical. En Chubut, los docentes obtuvieron un triunfo tras más de dos meses de huelga. Ante este panorama, el Gobierno nacional ya ha comenzado a dialogar con cinco gremios docentes sobre los futuros aumentos. Por su parte, en varias provincias, los policías demandaron lo mismo que el resto de la clase: incrementos salariales y mejores condiciones de trabajo. El triunfo de sus reclamos crea una base para que el resto de la clase obrera, y los trabajadores estatales en particular, presionen por subas similares.

Los grandes ausentes en la calle son las centrales sindicales. Micheli fue el único que mantuvo el reclamo de reapertura de paritarias y convocó a una movilización, que resultó bastante pobre, al Ministerio de Trabajo. En tanto, la izquierda busca unir fuerzas desde el plenario del SUTNA de San Fernando. Allí, decidieron acompañar la jornada planteada por la CTA opositora con cortes en Zona Norte. Algunos gremios participaron de la marcha, aunque su presencia fue escasa. Una semana después, se movilizaron también al Ministerio de Trabajo, con planteos no muy alejados a los de Micheli. La crítica al conjunto de las actuales conducciones de las centrales sindicales, junto con la coordinación de todos los gremios, comisiones internas y delegados clasistas resulta fundamental en la etapa que se abre. Pero la línea hacia el sectarismo es delgada y se debe tener cuidado de no cruzarla. Una movilización el 20 hubiera permitido reforzar ciertos reclamos e intervenir sobre las bases de la CTA, en un contexto donde la izquierda avanza a paso firme en varios gremios.

La crisis de la clase obrera con el kirchnerismo amenaza con profundizarse ante el inminente ajuste. Si este fin de año promete ser movido, las paritarias de 2014 recalentarán el ambiente. Las centrales sindicales, totalmente fragmentadas, ya dieron muestra de que evitarán desbordar al Gobierno con la movilización de las bases. El panorama que se abre es provechoso para la intervención de la izquierda revolucionaria. Pero, para ello, es necesario lograr la unidad partidaria que ordene la intervención gremial. Esta oportunidad histórica requerirá dejar de lado las divisiones mezquinas y concentrarse en las tareas que se avecinan.

1Véase Rodríguez Cybulski, Viviana: “Un corte y una quebrada. El eterno tango de los salarios argentinos”, en El Aromo, nº 72, mayo-junio de 2013.

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