Alianzas efímeras. Los nuevos planes de Cristina

Por Verónica Baudino – Mediante malabares, Cristina Kirchner intenta campear una crisis que se pronostica profunda. Va de anuncio en anuncio, prometiendo medidas con la intención de contentar al más amplio espectro posible de la burguesía. Es que sobran reclamos entre industriales, bancarios y agropecuarios por políticas que los salven de una debacle inminente. Sin embargo, el gobierno no logra disciplinar a la burguesía tras sus filas ya que la crisis produce dispersiones y realineamientos al compás que se desarrolla. En este artículo, veremos los tironeos entre las diferentes fracciones y la relación con los partidos políticos en una lucha mutua por sobrevivir al temporal.1

Planes y más planes

Las últimas medidas apalabradas por la presidenta conforman un plan anticrisis que ya ha levantado polvareda. Entre los puntos figuran la creación de un Ministerio de Producción, un plan de condonación de deudas impositivas para aquellos capitales que tengan a todos sus trabajadores en blanco y la apertura a la repatriación de capitales sin el pago de impuestos ni averiguación de su origen. A su vez, Cristina anunció la financiación a las inversiones y las exportaciones con la condición de que mantenga el nivel de empleo quien se postule como beneficiario.

Por otra parte, planteó un “empujoncito” para la industria automotriz mediante la reactivación del mercado interno de automóviles, vía adjudicación de créditos “accesibles” para aquellos que adquieran su primer vehículo o que no hayan poseído uno en los últimos 5 años. Para solventar estos últimos proyectos estima un presupuesto de $13.200 millones de pesos. ¿De dónde saldrá ese dinero? De las arcas del Anses ($7.500 millones provenientes de las colocaciones a plazo fijo que tenían las AFJP y $5.700 millones de plazos fijos y letras Lebac que ya tenía el Anses). Asimismo, Cristina proclamó la reducción de 5 puntos porcentuales de las retenciones a las exportaciones de trigo y maíz. Se trata, en definitiva, de un plan que intenta salvaguardar las ganancias de los capitalistas pero que, dada las capacidades diferenciales de las distintas fracciones y capas para afrontar la crisis, colmó las expectativas de pocos.

La tierra se abre

Las diferencias que se vislumbraban entre las entidades agropecuarias durante el conflicto del campo salieron a la luz. Aunque aún conforman la Mesa de Enlace, los puntos de acuerdo son cada vez menores. Del unívoco descontento con el gobierno, el grueso de las corporaciones agropecuarias, SRA, CRA y en mayor medida Coninagro dejaron de lado su ataque virulento para darle el guiño al gobierno en ciertas medidas. Así, Mario Llambías (CRA) y Hugo Biolcati (SRA) saludaron la creación del Ministerio de Producción, aunque repararon que el Poder Ejecutivo debía darle atribuciones suficientes. El último, por su parte quiso ver en la medida un viraje en la actitud del gobierno: “es consecuencia de una decisión política de cambiar y adoptar medidas que ayuden a salir de la gran crisis que vive el campo y el país”.2 Aunque poco duró el enamoramiento con Débora Giorgi (ministra de producción) a la que pronto acusó de haber sido disciplinada por el Poder Ejecutivo.

Alineada ya con el gobierno, Coninagro anunció que “los productores, las entidades, trataremos de encontrar con el Gobierno aquellos acuerdos para los problemas de los productores. Se terminó la etapa de la confrontación. El enfrentamiento no va a contribuir a resolver el problema”.3 El presidente de la entidad a su vez, celebró la baja de puntos a las retenciones a diferencia de las dos entidades antes mencionadas, quienes consideraron “insignificante” la medida.

Éste es el punto que sigue distanciando a CRA y SRA con el gobierno, y que las impulsa a acercarse a otras fuerzas políticas. En este sentido, Llambías sostuvo que la entidad a la cual representa apoya el proyecto que Carlos Reutemann (posible aliado de Duhalde en las próximas elecciones) llevó al Congreso. El mismo propone la eliminación de las retenciones a las exportaciones al trigo, maíz y sorgo y una retención “moderada” a la soja para desincentivar la tendencia al monocultivo.

Asimismo, el apoyo a esta propuesta las alejó de la Federación Agraria, que no pudo hacer pasar el proyecto que elevó al Congreso como parte de la Mesa de Enlace. Las otras entidades no acordaron su propuesta de eliminación de retenciones para todas las economías regionales (arroz, tabaco, cítricos, yerba mate, azúcar, etc.) y la segmentación para los principales cultivos. En la misma línea divisoria se encuentran las últimas acciones de la Federación Agraria. La más importante fue la que se realizó el días 10 de diciembre: 70 actos, concentraciones y cortes en las principales rutas de Buenos Aires, Santa fe, Córdoba, Entre Ríos, Chaco, La Pampa, San Juan, Mendoza y Salta.

Es así que atrás parece haber quedado la unión en la acción. No obstante, los proyectos a futuro de estas tres entidades pueden volver a encontrarlos, ya que la oposición pretende tentar a las corporaciones a agropecuarias para conformar una “bancada rural” para las elecciones del 2009. En este sentido, el PRO intenta sumar como candidatos a Luciano Miguens (SRA) y Llambías, mientras que Claudio Lozano hace lo propio con Eduardo Buzzi (FAA). Por su parte, Eduardo Duhalde también tiene planes propios, aunque no como una bancada aparte, sino que integren las listas de los partidos existentes. En este sentido, excepto Coninagro, el resto de las entidades pretenden capitalizar en su favor el apoyo opositor que cosecharon durante el conflicto. Aunque, al parecer con signo político diferente.

Laderos insaciables

Poco duró la algarabía por los anuncios presidenciales. El plan había sido adelantado en parte en la 14ta Conferencia Industrial de la UIA. Sin embargo, luego del acto oficial expresaron sus dudas sobre la capacidad del mismo de resolver sus problemas. En la conferencia referida, Guillermo Jakulica (Presidente de la Unión Industrial de Salta) argumentó la necesidad de compensación de aportes para disminuir los costos laborales y la simplificación de acceso a crédito para Pyme. En la misma línea de reclamos para el sector de pequeñas y medianas industrias, a las que la crisis ya comenzó a afectar, Ricardo Khayat (Presidente del Departamento Pyme de la UIA) reclamó una adecuación de la nueva ley ART, la amortización acelerada del impuesto a las ganancias en los proyectos de inversión, una Ley PyME de reinversión de utilidades y financiamiento estatal. El más alarmante fue, sin embargo, Manfredo Arheit, miembro de ADIMRA (Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina), quien destacó el crítico panorama del sector, debido al crecimiento de importaciones, que hoy implican un 60% del consumo local, cuando en 2002 era del 40%; el aumento de costos (salarios, cobre, insumos siderúrgicos, etc.) y una vez más, la devaluación del principal competidor, Brasil. Las propuestas se centraron en la instauración de un tipo de cambio competitivo, adecuando la paridad cambiaria con el real a la situación previa a agosto y protección aduanera para contener ciertas importaciones. En la misma línea, Lascurain, presidente de la UIA, habló de un dólar a $4, un tema que parece ser sumamente conflictivo.

Sergio Vacca, presidente de ADIMRA, se refirió a la reforma previsional: “Es positivo que los fondos de las AFJP van a licitarlos. Eso da transparencia. Pero no creo que alcance en el actual contexto”.4 A estos desacuerdos de la UIA con el gobierno, se suma el cruce que anteriormente habían tenido con Néstor Kirchner, quien en un acto junto a la CGT, con motivo del proyecto de doble indemnización, les reclamó a los industriales que trabajaran con responsabilidad.

En sintonía con el sector PYME de la UIA, la CGE, Asamblea PYME y CAME, aunque en un primer momento asintieron a las medidas, enseguida pusieron sus reparos y avanzaron en las necesidades del sector: disminución impositiva, especialmente en aportes y cargas patronales y protección extranjera. Es que, este sector se basa en la utilización intensiva de mano de obra y la variable de ajuste son entonces los costos laborales. En conjunto, los industriales siguen al lado del gobierno, aunque no ahorran críticas acerca de la ineficiencia de las políticas estatales para asegurarles un porvenir sólido.

No sucede lo mismo con los bancos, quienes están más contentos que nunca con las medidas de Cristina, especialmente con que los fondos del Anses se utilicen para financiamiento, ya que los alivia de emitir créditos, situación que tratan de evitar para que no merme su liquidez en medio de la crisis internacional. Más aun: esos fondos irán a parar a los bancos que oferten una menor tasa de interés, para que administren el otorgamiento de créditos. Carlos Heller (Credicop) y Jorge Brito (Macro y titular de ADEBA) saludaron la propuesta, aunque se diferenciaron en un punto del plan anticrisis, sobre los que los industriales no parecieron inmutarse: mientras que Brito acordó con la repatriación de capitales, Heller no. El gerente de Macro, asimismo, apoyó al gobierno en su política monetaria, contra los pedidos de los industriales de un dólar alto, a diferencia de los directivos del Banco Itaú, el primer banco que pide abiertamente una devaluación.

Hacia el 2009…

Las elecciones del próximo año, parecen preocupar sólo a aquellos que ya no esperan nada, o todo, del gobierno. Este es el caso de CRA, FAA y SRA, que mediante el PRO, Duhalde y Reutemann, o Lozano, intentan hacer representar sus intereses. La alianza establecida durante el conflicto del campo contra la fracción representada por el gobierno sigue vigente. Y presenta la misma característica: su permanente fragmentación. La articulación en función de los intereses de la burguesía agropecuaria no se ha profundizado a tal punto de formar un agrupamiento unificado. Así, la fortaleza que mostró el campo en las rutas aún no coaguló en el plano político.

Los industriales y banqueros, por su parte, encuentran su representación en el gobierno. Es así que cuentan con la ventaja de tener vínculos directos con el personal político en el poder. No obstante, las críticas son advertencias de que esa la alianza no será eterna. En especial porque el gobierno es débil para resolver los problemas que la crisis le plantea. Si Estados Unidos y Europa ya no saben qué medida inventar, poco le queda a Cristina. Es el ritmo de la crisis, y la inutilidad del gobierno para solucionarla, la que irá expulsando componentes de la alianza, que ya no goza de la salud de otros tiempos.


Notas

1Fuentes consultadas: puntobiz.com. ar, Cronista Comercial, La Nación, Clarín, Página/12, www.uia.com.ar, www.cge.org.
2La Nación, 27/11/2008.
3La Nación, 25/11/2008
4www.cronista.com

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