Algo para leer. “Telefonistas”, de Marcial Luna

¿Leyó el último libro que le recomendamos, Perónleaks? Si lo leyó y se quedó con las ganas de conocer más sobre la faceta represiva del General o si todavía cree que hay que reivindicar la experiencia de los primeros gobiernos peronistas, tiene que prestarle atención a esta recomendación.

La mayoría de los libros sobre el peronismo y la clase obrera estudian el proceso que desembocó en el 17 de octubre. En general, estos textos se concentran en el acercamiento de Perón a los sindicatos, a través de la Secretaría de Trabajo y Previsión, las nuevas leyes laborales y la movilización obrera por la libertad de Perón. Son pocos los trabajados que se detienen a estudiar y explicar la trayectoria del movimiento obrero en los gobiernos peronistas. El que aquí le recomendamos, Telefonistas. Las obreras torturadas durante el primer gobierno de Perón de Marcial Luna, es uno de ellos.

¿Por qué ocurre esto? Básicamente, porque el 17 de octubre y las mejoras laborales otorgadas en 1945 son una mejor propaganda. Al peronismo, por ejemplo, le conviene publicitar la ley 11.729 (que fijó estabilidad laboral y vacaciones pagas) y no sus intentos de flexibilizarla en el Congreso de Productividad, como mostramos en este mismo número.

Es una lectura complaciente, que contribuye a crear los mitos del peronismo que combatimos en LHS. El de Marcial Luna es un libro completamente distinto. Es un libro corajudo, que se anima a señalar lo que nadie dice. Que pone el dedo en la llaga. Concretamente, analiza la huelga de las obreras telefónicas en el año 1949. Desde ese hecho muestra cómo se fue construyendo todo el marco legal que sirvió de sustento a la represión del movimiento obrero por el General. Detalladamente reconstruye la estructura y los procedimientos de la Sección Especial de la Policía, ejecutora directa de las torturas a las huelguistas telefónicas.

Analiza también las discusiones producidas al debatirse la nueva Constitución de 1949, que excluyó el derecho de huelga y dio jerarquía constitucional a la ley de residencia. En particular, señala el rol destacado que tuvieron los representantes de origen sindical junto a otros como John William Cooke, vinculados a la “izquierda peronista” en argumentar en defensa de la estructuración represiva de la Constitución de 1949.

En definitiva, un libro que merece ser leído. Por dos motivos. Por un lado, porque contribuye a combatir una idea que la burguesía insiste en vendernos: la represión es solo obra de las dictaduras, en la democracia no se apalea trabajadores. Lo que Luna nos viene a recordar narrando estos hechos, es que la realidad indica otra cosa. Los palos, la tortura e incluso el asesinato no escapan al horizonte de la democracia. El hecho de que figuras que aparecen como las más democráticas o populares de la historia argentina como Perón o Yrigoyen (ya le recomendaremos en otra ocasión un libro para ajustar cuentas con Don Hipólito) hayan sido grandes asesinos de obreros debería servir para desterrar las ilusiones en la democracia.

Por otro lado, el libro permite desnudar la naturaleza represiva del peronismo. Muestra descarnadamente lo que fue, más allá de cómo los construyó la propaganda oficial y, lamentablemente también, el grueso de nuestra izquierda que debiera combatirlo en lugar de edulcorarlo. En definitiva, un texto que expone el peronismo realmente existente.

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