Al borde – Por Sandra Cubilla

4cd06af8b9e21_611_340!Misiones ilustra uno de los extremos de la pauperización laboral docente; no obstante, en el otro extremo del país, el salario apenas permite a los maestros y profesores vivir al límite. Esto pone sobre la mesa la necesidad de una lucha nacional unificada por la nacionalización de la estructura educativa y del salario docente.

Sandra Cubilla (GES – CEICS)

El salario docente en la provincia de Misiones tiene un rasgo constante: hace más de quince años se mantiene como uno de los más bajos del país. Sin embargo, esa realidad es negada por quienes sostienen que la provincia fue una de las jurisdicciones que mayores aumentos tuvo bajo el kirchnerismo, gracias a fondos de compensación diferencial provenientes de la de Nación o también de la provincia. Recordemos que uno de los objetivos perseguidos por la Ley de Financiamiento Educativo N° 26.075 fue el disminuir la brecha salarial entre las jurisdicciones. A pesar de la Ley de Financiamiento y de de que el Estado prorrogó la vigencia del Fondo Nacional de Incentivo Docente (Ley 25.053-1998) hasta la actualidad, la brecha salarial entre las jurisdicciones no disminuyó. Sistemáticamente, los mayores salarios medios se abonan en Santa Cruz y Tierra del Fuego, y los menores en cinco provincias del NEA-NOA incluyendo a Misiones (junto a Corrientes, Entre Ríos, Chaco y Formosa).

En este sentido, los gremios de las provincias peores pagas promueven acortar la brecha diferencial entre las jurisdicciones proponiendo modificaciones de la grilla salarial o el blanqueo de tal o cual monto del sueldo. Sin embargo, como veremos, la disparidad salarial entre jurisdicciones no es tan alta como se cree. Si bien la situación de Misiones es ilustrativa de uno de los salarios nominales más bajos, sus pares de la Patagonia (el otro extremo de la situación) no están en mejores condiciones. La evolución del salario de una maestra de grado con diez años de antigüedad en relación a la Canasta Básica Total no es muy distinta entre norte y sur. La acumulación de dos cargos, largas jornadas de trabajo y algo de antigüedad permite vivir apenas un poco por encima de la reproducción de su vida material. A esta realidad se accede cuando, en lugar de comparar salarios nominales, se comparan los salarios respectivos en relación al costo de vida local.

Norte y sur: no tan distintos

Tomamos como parámetro para Misiones y el resto de los casos analizados el salario bruto de un maestro de grado con diez años de antigüedad durante el periodo 1995-2015. La evolución del salario docente misionero sigue el mismo movimiento que la mayoría de las provincias analizadas: un magro crecimiento porcentual entre 1995 y 1999, para estancarse hasta el 2004. Durante el menemismo, los docentes misioneros, trabajando dos cargos y con diez años de antigüedad, lograban apenas cubrir la canasta básica total. Es decir, vivían al límite. La crisis del 2001 estancó el valor nominal del salario pero redujo el poder adquisitivo: con dos cargos, entre 2001 y 2004, el salario docente misionero cubre entre el 80 y el 90% de la canasta básica total. A partir de 2004, comenzó tímidamente un proceso ascendente del salario que se acentuó en 2011 con un crecimiento de casi un 37% en el valor nominal. A partir de esos números, el kirchnerismo se presenta como vector de la mejora salarial docente. El salario nominal creció entre 2011-2015 un 252,55%, y mirando todo el gobierno kirchnerista nos encontraríamos con la extraordinaria cifra de más de 1.600% de crecimiento salarial. Obviamente, la realidad es otra. Quienes suponen que el ajuste llegó con Macri, suelen analizar la evolución salarial sin colocarla junto a otras variables. En realidad, si bien existe una recuperación del poder adquisitivo de los docentes misioneros, no solo no es suficiente sino que, luego de 2008, fluctúa de modo importante.

Una forma práctica de aproximarse al poder adquisitivo de los docentes puede observarse al comparar su salario de bolsillo con la canasta básica total (CBT). Esta última constituye un indicador para la medición de la línea de pobreza. Se trata de una canasta de consumo de bienes y servicios que se estima por intermedio de las encuestas de gastos e ingresos de los hogares (“ENGHO”, realizada por el INDEC cada 10 años aproximadamente). Esta canasta se calcula con la realización de cada ENGHO y luego se estima para cada mes, trimestre o año por intermedio de la evolución del Índice de Precios del Consumidor (IPC).

A los efectos de estimar la CBT de una familia tipo (compuesta por dos adultos y dos niños menores de edad) de largo plazo, primero se obtuvo el dato del monto de esa CBT para un año específico y luego se ha estimado, para el resto de los años, a través del IPC de Posadas; en ambos casos, los datos fueron extraídos del Instituto Provincial de Estadística y Censos de Misiones (IPEC).

Entre 1995-2015 el salario de bolsillo promedio del maestro de grado nunca logró cubrir el valor total de la CBT. Como ha sucedido en todos los sectores de la clase obrera del país, la pauperización progresiva después del Argentinazo encuentra su estabilidad relativa hacia el 2004. De allí, el salario va en alza hasta que la devaluación del año 2010 vuelve a disminuir el poder adquisitivo de los docentes a un poco más de la mitad del valor de la CBT. A partir de ello, de nuevo comienza un proceso de recuperación hasta el 2015, donde encontramos el mejor número de la serie bajo estudio, alcanzando el 84,08% del valor de la canasta. Es decir, con un solo cargo nadie vive. Más aún. El valor de 2015 puede ser entendido al calor de las alianzas políticas en un año electoral. No olvidemos que parte del salario misionero se encuentra compensado por Nación. Desde que empezó la recomposición salarial, en 2005 y hasta 2012, el poder de compra del salario docente estuvo lejos de la canasta básica total. Recién a partir de 2013 esa cifra se ubica en torno al 75%. Con dos cargos los docentes superan, no muy holgadamente, la línea de pobreza. Pero de una pobreza muy pobre.

La canasta de pobreza no considera, por ejemplo, la adquisición de bienes culturales ni servicios que no son de primera necesidad, como Internet. Precisamente rubros en los que el docente gasta (o debería hacerlo) para su labor. Un docente, en tanto trabajador de la cultura necesariamente excede los montos que calcula la CBT: el maestro viaja, hace cursos, compra libros, va al teatro, necesita conexión a Internet, acceso a material bibliográfico, etc. Por otra parte y con mucha frecuencia los docentes deben proveer a la escuela donde se desempeñan de material didáctico, elementos de limpieza y de mantenimiento en general.1 El resultado: es muy probable que ese plus ganado a costa de superexplotación, sea gastado en su propio trabajo.

Ahora bien, cuando nos detenemos en el caso de las provincias del sur del país encontramos que los docentes patagónicos no la pasan mucho mejor que en el nordeste argentino. En el caso de Tierra del Fuego que, luego de Santa Cruz, posee uno de los salarios nominales más altos del país, vivió su mejor situación en el año 2001 (cubriendo casi el 95% de la CBT). Durante el menemismo, el promedio de cobertura del salario docente de la canasta total fueguina era del 76%. El ascenso del kirchnerismo se corresponde, más bien, con una pérdida de la capacidad del salario de los docentes en esa provincia y una posterior recomposición. No obstante, aquí la realidad es muy similar: ningún docente logra vivir con un solo cargo y la acumulación de dos le permite vivir algo por encima de la línea de pobreza. En Chubut, otra de las provincias con salarios muy superiores a los de Misiones, solamente en 2009 logra superar el valor de la CBT y, recién en 2013 y hasta el 2015, persiste por encima de ella a razón de un 16% aproximadamente. La provincia de Neuquén comienza su descenso salarial por debajo del valor de la canasta en 2001 y recién en 2008 puede alcanzarla; en 2009 de nuevo desciende entre vaivenes para recomponerse en 2015. Por último, para ilustrar de mejor manera que la pauperización docente no constituye una particularidad provincial, la situación de la Ciudad de Buenos Aires es la que peores cifras arroja; como se observa en el gráfico, en el mejor de los casos los salarios docentes cubrieron en 70% del valor de la CBT (año 2013). Todo el resto de la serie ronda la mitad de su costo.

Por un planteo superador…

Observar con datos más concretos la precarización de los salarios educativos, nos permite ratificar una serie de conclusiones que venimos sosteniendo hace tiempo. Es preciso, en primer lugar, recuperar el rol que jugaron durante los últimos diez años los gremios docentes opositores. Dado que la burguesía no regala nada a los obreros, cada vez que hubo un crecimiento del poder adquisitivo (aunque de forma insuficiente) fue por la organización de los trabajadores.

Siempre que se tomen aislados los problemas salariales, de infraestructura, del currículum, etc., desligados del proceso común que le da origen y dinámica, la lucha de clases, nos encontraremos atacando las consecuencias y no las causas de los mismos. Como vemos, los salarios de los docentes son bajos en todo el país. La fracción docente de la clase obrera es una de las más pauperizadas. La fragmentación de la lucha colabora en la continuidad de esa situación. De nada sirven consignas como “modificación de la grilla salarial” (Frente gremial, MPL) o la mentada “triplicación del presupuesto educativo” (Partido Obrero), si no se ataca el mal de raíz. Lo primero que debemos conseguir es la unificación de la lucha a nivel nacional. Para ello debemos exigir que la educación vuelva a estar bajo jurisdicción nacional, con una representación sindical unificada a nivel nacional.

Es un hecho ya que las provincias no pueden sostener la estructura educativa que la Nación les revoleó en los 90. El que el salario docente de la mayoría de las provincias se encuentre compuesto por porcentajes crecientes de subsidios nacionales, es prueba de lo que decimos. La única manera de avanzar hacia una mejora sustancial es delimitarse del planteo burgués de buscar razones de tipo morales en la conciencia de tal o cual personal político. La pauperización docente es una realidad que viene profundizándose hace por lo menos treinta años; si la situación actual es la descripta más arriba, no es porque el presidente, los gobernadores, los ministros o tal delegado sean “malos”, “deshonestos” o lo que sea. Al trasladarse la responsabilidad de sostener los salarios a las provincias, la burguesía ahorra en gastos y fragmenta la organización sindical docente. La clave de una salida realmente progresiva al problema salarial es comprender el origen del problema, a saber, la descentralización educativa. Por ello, la forma de superar la dispersión del movimiento docente es levantar como consigna general la unificación nacional del salario docente. Para ello, necesariamente las paritarias deben ser consideradas como una instancia más abarcadora y de largo plazo que lo meramente salarial y sus consignas exceder el pedido de “salario igual a la canasta básica”. Se requiere avanzar con seriedad hacia la centralización de todo el sistema, defendiendo el rol homogeneizador, educativo y científico de la escuela pública, bajo control de los trabajadores.

Un plan de lucha nacional, por la nacionalización de la estructura educativa, un único salario para todo el país que equivalga por lo menos al doble de la canasta básica, completamente en blanco y con los adicionales que corresponda según la situación regional, tiene que ponerse a la orden del día. De lo contrario, seguiremos pataleando en el barro, al borde de nuestras condiciones de existencia.

 

 

Notas

1Véase Cubilla, Sandra:  “Cuando la miseria es la norma”, en El Aromo nº 85.

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