A medio camino. Un balance de las jornadas del 24 y 25 y la intervención de la izquierda

¿Qué hubo en Plaza de Mayo?

La agudización de la crisis obligó a la CGT a llamar a un paro para intentar disimular su compromiso con el ajuste. De manera oportunista, las centrales y gremios que componen el 21F hicieron lo propio, sumando 12 horas al paro y un acto electoral en Plaza de Mayo para seguir agitando su frente electoral. Allí estuvo el kirchnerismo en pleno: desde la Corriente Federal hasta la CTA de los Trabajadores (Yasky), hasta las agrupaciones (Miles, MUP, Frente Milagro Sala, La cámpora) y diputados e intendentes (como Ferraresi, el asesino de obreros). También participó Moyano, que acaba de inaugurar junto con la Corriente Federal y el SMATA el Frente Sindical para el Modelo Nacional para disputar al interior de la CGT, cuya acción inaugural será una peregrinación a Luján. No faltaron los movimientos piqueteros del Vaticano (Barrios de Pié, CTEP, CCC). No lo olvidemos: Grabois también proclama su frente, el Frente Patria Grande, para disputar candidaturas al interior de este espacio. Como se ve, la apariencia gremial del acto no debe engañar a nadie: se trató de un acto político con miras a un recambio electoral patronal. Las intervenciones consistieron en una hora y diez minutos de consignas al estilo del “vamos a volver” y múltiples alabanzas a los gobiernos “populares”. En resumidas cuentas, se montó una farsa, no un acto de lucha. Al otro día, el paro nacional tuvo su carácter activo por los cortes. Ahí, el 21F y compañía brillaron por su ausencia. Su propuesta en cambio, para lo más inmediato es ir a rezar a Luján.

¿Delimitarse o “la más amplia unidad”?

Esto que parece tan claro no lo fue para buena parte de la izquierda. En las reuniones del Plenario del Sindicalismo Combativo, varias fuerzas (en particular, Izquierda Socialista y el MST, o sea los morenistas declarados) pusieron el acento en una comparación equivocada: comparaban el acto del 21F con aquellos que convocó la CGT el año pasado. La idea que manejaban los compañeros es que el 21F iba a hacer un acto a las apuradas, con las masas subiéndose al palco y tirando el atril. Así, el acto era un evento “no deseado” para la burocracia, que se veía “presionada” a llamarlo. De este modo, no quedaría otra que ir a intervenir sobre los trabajadores activos ahí movilizados, sin importar las intenciones de los convocantes. Un disparate. En primer lugar esto no lo convocó la CGT sino aquella fracción opositora al gobierno que posa de “combativa” y no mueve más que su propio aparato. Lejos está de atraer a las bases. El acto no corrió peligro jamás y los concurrentes estaban absolutamente contenidos dentro los parámetros de los convocantes. Solo organizaciones con una mirada “sindicalera” y economicista, obnubiladas por la movilización de los “cuerpos orgánicos” del movimiento obrero, y sin ningún cuidado por la lectura política, podrían sacar una conclusión semejante.

Frente a un acto de estas características, la izquierda tuvo otras disyuntivas: nos delimitamos para intervenir o llamamos a la “más amplia unidad para enfrentar al gobierno”. ¿Qué significa la “más amplia unidad”? Es un eufemismo de seguir al kirchnerismo en todo lo que haga. ¿O acaso creemos que hay unidad posible con gente como Ferraresi, Pichetto, etc?

La propuesta que se impuso fue la columna y el acto propio que en los hechos, quedó a medio camino entre la independencia y la disolución dentro de la burocracia.

Pero para eso, hubo debates. Por un lado, tenemos a los enemigos declarados de la delimitación. En particular, Rompiendo Cadenas, un agrupamiento sindical sin programa y absolutamente ecléctico, con bastante presencia en estatales. Rompiendo Cadenas boicoteó sistemáticamente todas las iniciativas de delimitación. En CTA Lomas, votaron contra la columna independiente y en estatales, impidieron la formación de otra semejante dentro de ATE Capital -lo cual ya era una concesión a las corrientes más claudicantes-. La política de Rompiendo Cadenas es liquidacionista y expresa su nulo interés en desarrollar un polo del clasismo. De este modo, pone un huevo en cada canasta en nombre de la “más amplia unidad”. Corre detrás del kirchnerismo –al cual ve como una corriente de trabajadores y no como un aparato burgués- y acusa de sectarios a todos los que se delimitan. Mientras tanto, boicotea todo lo que se agrupa con una perspectiva propia. Si se mantiene dentro del PSC, es porque PO e IS –en particular, éste último- lo quieren adentro, sea cual sea el precio. Pero más allá que participe a desgano, lo que objetivamente hace RC va en contra del objetivo más elemental del Plenario: congregar a quienes batallan con independencia de clase y se oponen a la orientación claudicante de la burocracia, incluida el kichnerismo, con el fin de mostrar a los trabajadores que quieren luchar que hay alternativas.

Eso sí, la política de la “más amplia unidad” no es privativa de RC. También la adoptan otras organizaciones como Opinión Socialista y la asume en los hechos el NMAS. Este último señaló que la columna no tendría ninguna importancia y por lo tanto, había que apuntar a los cortes del 25. Sin embargo, al mismo tiempo se encargó de ponerle dos banderas de tres palos al acto del 21F, por fuera de la columna consensuada.

Con todo, la polémica central no se encontraba ahí. El principal nudo del debate tuvo que ver con la modalidad de la intervención, es decir, cómo llevar a cabo la columna y el acto propio. El SUTNA había votado no participar como sindicato del acto y retirarse antes del comienzo. El motivo: ahí hablarían los amigos de Waseijko y no había que llevar a los trabajadores a escucharlos. Alguna parte del PO tomó ese planteo como propio, aunque disfrazado de cuestiones operativas y sin clarificar una postura política ante el acto del 21F. El planteo podría resumirse así: si el SUTNA se va antes, hay que hacer un acto propio previo a movilizar. Como señalaron los compañeros de IS, eso supondría no llegar a la Plaza porque ya sería tarde. Una forma de no querer ir sin decirlo y usando al SUTNA como excusa. Pero mientras un sector del PO bancó la postura de SUTNA, otro sector fue más proclive a ceder y a pedirle al SUTNA que la revisara.

Para IS, en cambio, había que participar del acto del 21F y hacer el propio “después” y cuando todos se hayan esfumado. ¿Por qué? Una razón ya la mencionamos: para IS, en el acto del 21F, habría un activo sobre el que teníamos que intervenir yendo atrás de la burocracia. A eso agregó otra razón: los obreros peronistas de la UF van a querer quedarse a escuchar a Moyano. Sí, en lugar de explicar y clarificar ante los compañeros quién es quién, para IS es preferible ceder ante el peronismo y ayudar a disfrazar ese acto electoral de un acto de lucha obrera. En este esquema, no se entiende cuál es para IS el sentido de la diferenciación y el acto propio. Al menos RC y OS son honestos en decir que no hay que diferenciarse…

En definitiva, la disputa no se terminó de saldar y siguió el 24. Dentro de la columna de la izquierda, unos querían quedarse (UF) y otros irse (SUTNA). El resultado: la columna se mantuvo treinta minutos en Plaza de Mayo, escuchando los discursos electorales, se retiró de forma improvisada y montó un acto en Obelisco que no tuvo mayor repercusión. No por falta de fuerzas, sino por falta de vocación. El acto no tuvo mucha difusión previa y para muchos resultaba algo similar a un compromiso en lugar de tomarlo como una tribuna propia. Así, la columna no terminó cumpliendo con su objetivo: diferenciarse. Quedó a medio camino entre las posturas en tensión.

En las provincias

Como sabemos, el país va más allá de Buenos Aires. En varias provincias, primaron las intervenciones desordenadas, la falta de un criterio único a nivel nacional, la escasa organización y, en la mayoría de los casos, el seguidismo a las actividades de la burocracia.

En Chaco, Razón y Revolución propuso dentro de la Coordinadora Piquetera un acto propio. El principal elemento que se opuso fue el PO, con argumentos ilusorios. Entre ellos, que en el acto de la burocracia (estatales, Camioneros, CTA Yasky y diputados del Frente Grande) conseguiríamos oradores, algo que se sabía que no estaba en la agenda de los convocantes (incluso en ocasiones anteriores, ya habían censurado a la izquierda). Luego, el acto fue exprés a causa de la tormenta. El único acto independiente fue realizado por nuestra organización y el Movimiento Trabajo y Humildad.

En Entre Ríos, el MST accedió a una columna y acto propio que surgió a propuesta nuestra. No cumplió con lo último. Pero peor fue la Fuentealba (corriente docente que responden a PO de modo encubierto) que marchó directamente con AGMER fuera de la columna independiente.

En El Dorado (Misiones), no hubo columna independiente y PO marchó diluido.

¿Cómo seguir?

Como vemos, la intervención finalmente resulta difusa y con escasa diferenciación. Así, no hay una coherencia entre los dichos y los hechos. De este modo, varios de los señalamientos –correctos- que el PO hizo a RC (Prensa Obrera, 23/9) también le valen a sí mismo y al resto de la izquierda.

Hay que ser claros: si queremos que el PSC y el clasismo se desarrollen como herramienta, necesitamos delimitarnos seriamente de todo lo que se erige como alternativa burguesa. Para eso hay que superar una serie de asuntos.

El primer problema lo encarnan corrientes (en particular, IS) que señalan que no se pueden introducir debates muy profundos porque eso “fuerza a los sindicatos” a definirse por posturas que no tienen resueltas. En los hechos, eso lleva a que mientras el 21F responde políticamente a la crisis con una salida burguesa, nosotros nos limitamos a pedir por mejores paritarias o por un paro de 48 hs. Como se ve, esa postura estanca al PSC.

El segundo problema es crucial y se encuentra atado al primero. Delimitarse supone derrotar a los que se dejaron convencer por el peronismo que no ir detrás de ellos es sectario. La realidad es que no existe intervención propia que no parta de la delimitación, es decir, de separar lo que está de un lado y del otro. No tiene ningún sentido la construcción de un espacio gremial que se opone a la burocracia si en los hechos no hay ninguna diferenciación entre lo que hacemos nosotros y lo que hacen ellos, es decir, si solo nos dedicamos a seguirlos. Por eso, la posición que de forma extrema expresa RC es enemiga de la construcción del Plenario. Si no muestra sus diferencias, si se diluye con la burocracia, no tiene razón de ser.

Es importante, entonces, aclarar de qué se busca delimitarse. Si se hubiera tratado de un acto de lucha, correspondía sumarse. Pero lo del 24 estuvo lejos de ello. Se trató de un acto electoral por parte de un personal político burgués que se postula para gobernar y “salir de la crisis”, que no es otra cosa que ejecutar ellos el ajuste, algo que de todas formas vienen haciendo en donde gobiernan, en donde legislan y en donde dirigen sindicatos. Si quisieran luchar contra el ajuste, los veríamos impulsar un plan de lucha. Sin embargo, están permitiendo que el ajuste pase sin pena ni gloria, algo más que claro por ejemplo en estatales. Por otro lado, cualquiera sabe que fuera del aparato propio, estos gremialistas no mueven a nadie. Por tanto, toda la idea de que hay allí una base obrera a la que acompañar que está legítimamente luchando contra el ajuste es falsa. Los pocos compañeros que pueden ir engañados con la idea de que allí se estaba luchando fueron a escuchar discursos electorales. Y nosotros en lugar de explicarles esto, de desenmascarar a la burocracia, ¿nos tenemos que plegar a la farsa? Por otra parte, delimitarse no significa solamente señalar quién tiene más o menos voluntad de lucha. Delimitarse quiere decir que tenemos dos programas y dos salidas diferentes a la crisis. Para eso, el PSC tiene que explicitar sus posturas políticas sobre el tipo de salida que quiere: o queremos más gobiernos capitalistas o queremos una salida socialista motorizada por una Asamblea Nacional de Trabajadores.

Como la crisis nos marca la agenda, las definiciones sobre estos puntos resultan urgentes para el futuro más inmediato. El PSC, con todas las dificultades, está poniendo en pie un espacio de reagrupamiento de la vanguardia. Impulsarlo resulta crucial si queremos evitar marchar hacia una derrota profunda.

Corriente Clasista Goyo Flores – Razón y Revolución

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