A la deriva. El salario docente en perspectiva histórica – Sebastián Cominiello

los simpsonsA la deriva. El salario docente en perspectiva histórica

 En 1933, el salario del docente, sin antigüedad, duplicaba el gasto del consumo promedio de una familia tipo. Hoy, ni siquiera llega a cubrir la canasta de pobreza. Que Baradel intente equiparar un salario al valor de la canasta de pobreza vaya y pase, pero que la izquierda haga un planteo similar, es preocupante.

 

 

Sebastián Cominiello

OES-CEICS


Al momento de escribir este artículo, el conflicto por la paritaria docente continúa abierto. Es decir, se está discutiendo en qué medida los docentes van a obtener un salario “digno”, o bien que cubra las necesidades familiares, o bien si tendrá un mayor o menor poder de compra que años anteriores. Algún kirchnerista nos dirá que, gracias a Néstor y Cristina, el poder de compra del salario docente aumentó sustantivamente durante la “década ganada” y que ahora el macrismo viene a destruirlo. Por su parte, las organizaciones de izquierda no cuentan con argumentos sustantivos para rebatir esa enunciación. Sin embargo, dicha afirmación es falsa. O mejor dicho, es creíble si usamos los antejos de corto plazo, o bien si tomamos como punto de comparación el 2001 o los años ’90. En cambio, si extendemos la vista y contemplamos una perspectiva histórica, el crecimiento salarial post-2003 es mucho menos que modesto. Parece elevado en relación a la década de 1980 o 1990, pero se encuentra bastante por debajo de valores como los de la década de 1930 o los años ‘50 o incluso debajo del Proceso Militar. Aquí analizamos el nivel histórico del salario del docente que recién se inicia en el oficio para la ciudad de Buenos Aires y lo comparamos con los valores actuales.

 

Aquellos años gloriosos

 

Los salarios reales de los docentes, a comienzos de siglo XX, se ubicaban entre los 160 y 180 pesos de la época (lo que equivalen a alrededor de entre 17 y 20 mil pesos de 2016). Entre 1914 y 1918 se produjo una caída del poder adquisitivo de las remuneraciones, como resultado del aumento de los precios de los productos, debido a la Primera Guerra Mundial. Por ejemplo, en 1914 las directoras y maestras nacionales ganaban 270 y 200 pesos mensuales de ese entonces. Según el Censo de Población de ese año las maestras obtenían un sueldo un 163% más alto que el de los asalariados urbanos no calificados. En este sentido, se puede ubicar a los docentes como una de las profesiones u oficios mejores pagos.

Otro elemento que abona en el sentido del aumento del salario, para el período, puede explicarse como consecuencia de la demanda de docentes. En efecto, entre 1914 y 1930, se logró escolarizar a la mayoría de la población en edad escolar. En este sentido, la ciudad de Buenos Aires tuvo un peso sustantivo en ese entonces: en 1914 la cantidad de docentes de nivel primario en la ciudad porteña representaba un 23% del total del país, para una matrícula que constituía el 22% de la nación. Se trata de un porcentaje que supera ampliamente lo que representan hoy los docentes y alumnos de la Ciudad de Buenos Aires en el país (un 5 y 9% respectivamente).

En los primeros años de la década de 1930, nos adentramos al mejor momento del poder adquisitivo del salario docente. En 1933, este último variaba entre los 210 y 320 pesos de ese entonces según la categoría en que se encontrara (equivalentes a unos 30 y 35 mil pesos de 2016). ¿Cuánto representa este poder de compra en relación al consumo promedio de la población de la época? Para ese entonces, un matrimonio con tres hijos gastaba en promedio por mes unos 127,4 pesos moneda nacional1 (un equivalente a 12.986 pesos de 2016). Por lo tanto, un docente que recién se iniciaba en el oficio obtenía un salario en la década de 1930 equivalente a más de dos canastas de consumo familiar promedio.

Cabe destacar que lo que hoy se discute en las paritarias docentes es elevar ese salario inicial al nivel de la canasta de pobreza que contempla una familia de cuatro miembros. Mientras que, en 1933, el salario docente garantizaba el equivalente a más de dos canastas de consumo promedio para una familia integrada por cinco.

El lector podrá aducir que los componentes de la canasta actual incorporan más elementos que en aquella época. Sin embargo, esa afirmación es errónea ya que tanto el presupuesto familiar que en aquel entonces estipuló la Dirección de Estadística de la Nación, al igual que el INDEC en la actualidad, se basan en una encuesta de consumo de los hogares, de donde resulta un promedio representativo del consumo de la población. Es decir, las dos canastas se confeccionaron con criterios semejantes. Por ello, tanto antes como ahora, la canasta básica se compone de rubros que son elementales para poder subsistir como los alimentos, vestimenta, transporte y alquiler entre otros. Incluso, el consumo de la población debe ser puesto en contexto: en la década de 1930 no existían un conjunto de productos tecnológicos y de otro tipo que hoy sí están presentes pero que no son tenidos en cuenta a la hora de estimar la canasta de pobreza, como por ejemplo, los celulares, las computadoras, el acceso a internet y otros tantos.

 

El primer gran ajustador

 

A partir del año 1935 hasta por lo menos la década de 1950, el salario del docente sin antigüedad comienza a mermar su poder de compra. Contra lo que muchos creen, el peronismo profundizó la caída del salario docente. Primero, como Secretario de Trabajo y Previsión y luego como presidente, Perón regimentó a los docentes utilizando el salario como un elemento más de disciplinamiento. A partir de 1946, se producen aumentos periódicos en los salarios nominales docentes que no alcanzan a compensar el aumento del costo de vida, que hasta 1953 se incrementó en un 316%. En efecto, en 1945 y 1946, el poder de compra disminuyó un 16 y 13%, respectivamente; y en 1949 y 1950, mermó un 13 y un 20% en cada año. Por otra parte, mientras que desde 1934 hasta 1943 la disminución del salario real fue del 25%, entre 1944 y 1954 la capacidad de compra cayó un 47%. De este modo, y en materia salarial, Perón fue para los docentes lo que hoy pretenden ser Vidal, Macri y Bullrich.

Todo el período que le sigue a la segunda presidencia de Perón, hasta el año 1975, es de avances y retrocesos del salario del docente que recién se inicia. Por ejemplo, con la sanción del Estatuto del Docente, en 1958, el salario nominal para un cargo sin antigüedad crece casi un 100%. Se trata de un aumento del poder de compra del 50% respecto del año anterior. Sin embargo, también se trata de momentos donde el aumento del costo de vida estaba a la orden del día. Un año después de lo que se había logrado en 1958, la inflación del orden del 113% limitó nuevamente el poder adquisitivo docente.

Entre 1975 y 2003 los salarios sufrieron una caída que encontró su piso histórico en los años 1989 y 1991. Con la asunción del kirchnerismo al Gobierno nacional, el salario docente comenzó una lenta recuperación. Sin embargo, este aumento no fue muy sustantivo en términos históricos. En efecto, bajo el mandato de Néstor, el salario inicial del docente superó el promedio de los críticos años ’90, pero no logró revertir el poder adquisitivo que rigió durante los primeros años de la década del ’80. Tan leve fue la recomposición salarial que incluso se halló por debajo de los años 1976 y 1977, en un momento en que la caída del sueldo como consecuencia del Rodrigazo y la dictadura militar había sido del 47%. Por su parte, Cristina finalizó su gobierno con un salario docente al nivel de la década de 1980.

Los últimos datos disponibles para el año 2016 no son alentadores, puesto que en la mayoría de las provincias los docentes sin antigüedad perciben la mitad de lo que se requiere para cubrir la canasta básica de pobreza. Este estado de situación se agrava si tenemos en cuenta que los ingresos del 67% del personal de establecimientos educativos es el principal sostén del hogar. Con lo cual, al problema del descenso salarial de cada docente se suma que ese ingreso es el que sostiene la reproducción de su unidad familiar.

En síntesis, en la comparación histórica del salario del docente sin antigüedad se observa, por un lado, que hoy un maestro percibe la mitad o un tercio (según el caso) de lo que obtenía en las primeras décadas del siglo pasado. Por otro lado, que hoy en día para dos tercios de los docentes ese ingreso que calificamos como escaso es el principal sostén del hogar.

 

El punto de partida

 

La clave de cualquier relato es contener una parte de verdad y una parte de fantasía. Para ganar un lugar dentro de la historia, el kirchnerismo ubicó su punto de comparación con el menemismo. En este sentido, si se compara con la peor década que vivió la educación argentina, el salario docente se recompuso. No obstante, si miramos un poco más a largo plazo, nos encontramos en una situación contraria: los salarios actuales constituyen un tercio de lo que se obtenía en la década de 1930. La reconstrucción histórica del salario es una herramienta necesaria para los reclamos sindicales y políticos que tienen que llevar adelante los docentes frente a cualquier gobierno. De este modo, el horizonte debe ser la recomposición del salario al nivel históricamente más elevado. Evidentemente, tanto Baradel como aquellas organizaciones de izquierda que intervienen en el gremio docente (cuya consigna es equiparar el salario a la canasta familiar) se encuentran como barco sin timonel: o bien desconocen que en determinado momento de la historia argentina los docentes estuvieron bien pagos, o bien carecen de ambiciones para luchar por mejoras reales para los trabajadores que representan.

OES Comi 1

Notas

1Departamento Nacional del Trabajo: Costo de la vida, presupuestos familiares, precios de artículos de primera necesidad, División de Estadística, Serie C, N 1, Buenos Aires, 1933, pág. 21.

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