¿Un cambio de timón? El gasto social en la República Bolivariana

Chavez rominaRomina De Luca
GES-CEICS
El estado venezolano se vanagloria de haber puesto en marcha un gigantesco aparato público de asistencia social. La “inclusión” de los “excluidos” y la integración social forman parte preponderante en la agenda bolivariana trazada por su Constitución. Asimismo, en los últimos años, el chavismo ha propagandizado por doquier que, mientras los países capitalistas, a partir de la crisis de 2008, recortan su gasto social, Venezuela se encaminaría en dirección contraria. En este punto, la evolución ascendente del denominado “gasto público social” daría cuenta del predominio de esos postulados en las arcas estatales. Incluso, intelectuales afines al proceso, como Modesto Guerrero1, afirman que la redistribución de la renta petrolera expresada en un creciente gasto social habría redundado en una “transformación de la vida social”; al punto tal que para el 50% de la población más pobre favorecido por las políticas chavistas la categoría de distribución progresista le quedaría chica: se trataría más bien de una revolución en sus vidas.2
Para dar cuenta de si ese tipo de políticas constituyen un avance hacia la solución de los problemas materiales de la clase obrera hay que examinar diversos puntos. En primer lugar, la naturaleza y el alcance de las políticas diseñadas a tales efectos. En segundo lugar, cómo éstas han evolucionado al calor de la “Revolución bolivariana” entre 1999 y la actualidad. Aquí, para dar cuenta del cambio reconstruiremos lo acontecido en materia de salud, educación y desarrollo social entre 1990 y 2009. Por último, colocaremos la evolución del gasto social en perspectiva histórica remontándonos hacia la década del ‘70. A partir de esta comparación veremos cómo aquello que el chavismo presenta como “socialismo” se encuentra muy lejos de serlo. Es más, ni siquiera se trata del mejor momento de los obreros venezolanos bajo el capitalismo. En el mejor de los casos, constituye una leve mejoría en el cuadro agudo de un enfermo crónico-terminal, a saber: el capitalismo venezolano que no logra recuperarse y lanzar su base de acumulación en forma sostenida.Más, pero de lo mismoLa intervención estatal, a través del gasto social, en los dos primeros puntos remite al “salario indirecto” de la clase obrera en tanto el salario expresa el mínimo vital para la satisfacción de las necesidades imprescindibles. Por un lado, ese mínimo es vital, pero, a su vez, y eso es lo es histórico-social, es decir, está fijado por los hábitos y aspiraciones vitales de la clase obrera determinados en función de momentos históricos y de la lucha de clases específicos.

En este punto, el aspecto novedoso del chavismo fue la creación de “misiones”. Se suele denominar “Misiones Bolivarianas” o “Misión Cristo” a una serie de programa sociales puestos en marcha a partir de 2003, aunque muchos de ellos tienen antecedentes en el año 2000. Estos programas están dirigidos a la clase obrera con el objetivo de mejorar sus condiciones vitales largamente postergadas. Si, como vimos en la introducción, una de las metas es la de articular “educación con trabajo”, ello puede verse muy claramente en su diseño y puesta en marcha: las “misiones educativas” tienen su derivado productivo, donde se alternan tareas en el circuito de trabajo. El predominio del trabajo concentrado en el pequeño capital o bajo el formato de cooperativas se encuentran a la orden del día en emprendimientos como MERCAL (Red de comercialización a precios mayoristas), en el proyecto Vivienda o Vuelvan Caras que consisten en la generación de emprendimientos para la “regeneración del tejido empresarial” a escala local. Descentralización en la ejecución de programas constituyen la tónica general de la mayor parte de las misiones. Dentro de los logros que el chavismo enumera, se encuentra la alfabetización de más de un millón y medio de personas a través de la Misión Robinson, gracias a lo cual Venezuela fue declarada “territorio libre de analfabetismo” por la UNESCO. La creación de 3.780 centros de salud, para más de siete millones de personas (Barrio Adentro), y la llegada a más de diez millones de personas con la Red Mercal de abastecimiento, son otros de los beneficios para la población.3Ahora bien, ante este panorama, habría que hacerse dos preguntas. La primera es cuál es la magnitud real de estas transferencias y la segunda es cómo sostiene el Estado esa maquinaria. En relación a la primera, para poder dar cuenta del crecimiento del gasto público no alcanza con ver las Leyes de Presupuesto y comparar la variación del gasto. Si lo que queremos es dar cuenta de la variación real de cualquier partida, debemos ver la evolución del poder adquisitivo de esas transferencias. A tales efectos, hemos expresado los valores del gasto en función del índice de variación de precios del consumidor (IPC) para eliminar el componente inflacionario de la serie. De caso contrario, podríamos encontrarnos con crecimientos muy grandes en el gasto nominal que, en contexto inflacionario, no darían cuenta del poder de compra específico y, por ende, de su grado de impacto social. Luego de esta salvedad, podemos ver que, en primer lugar, el gasto social total real se ha expandido en forma ininterrumpida desde 1999 hasta 2006, período en el que pasó de destinarse 41 mil millones de bolívares fuertes a erogarse 140 mil millones en 2006.4 Así las cosas, las partidas destinadas a políticas públicas se han expandido un 337%, una muestra del cambio de timón bajo el chavismo.Otro indicador para dar cuenta del impacto de las políticas sociales bolivarianas en materia de educación, salud y desarrollo social se puede determinar ponderando la evolución del gasto per cápita. Tomando los gastos del gobierno central, observamos que si en el momento más álgido en los noventa se ubicaba en 802 bolívares (cifras de 1992) se derrumba a prácticamente la mitad hacia 1996 (desciende un 52%). A partir de ese año, comenzará un ciclo ascendente que se profundizará bajo el chavismo hasta alcanzar un gasto por habitante de 1.270 bolívares en 2008. Si ponderamos que hacia inicios de los noventa era prácticamente la mitad, concluiremos que el cambio fue sustantivo. La tendencia resulta similar para el caso de salud aunque el cambio de magnitud no resultó tan notable: se pasó de 318 bolívares en 1990 a 382 hacia 2009. Se trata de un incremento de un 20%. Si lo comparamos con el momento más bajo de los noventa, encontramos que la expansión fue de 252%, pero estaríamos haciendo un balance con el pico de la crisis y no con la tendencia normal. Por su parte, para desarrollo social el momento más bajo en materia de gasto público central se ubica en 1998. Aquí tampoco el viraje resulta tan sustancial como con educación en tanto si hacia inicios de los noventa el gasto per cápita se ubicaba en 202 bolívares para 2009 ascendía a 290 (ver Gasto público per cápita…). Lo que implica un incremento de un 43% desde 1990. Aquí también, si tomamos el momento más bajo, encontramos un crecimiento del 228%. Más allá de la mayor o menor variación, se trata de una serie de transferencias a la clase obrera que permiten comprender el apoyo de masas que el chavismo ha canalizado a su favor.

Ahora bien, a partir de 2007 y en un ciclo que se prolonga hasta 2010, el gasto social inició una fase de contracción para ubicarse en torno a los cien mil millones de bolívares fuertes lo que evidencia un recorte en el gasto de un 29%. Por su parte, PDVSA destinaba al rubro “aportes y misiones”, en 2001 un total de 99 millones; para 2006, casi 13.800 millones de bolívares. Pero de ese pico baja para 2009 a cuatro mil millones5, como resultado de la caída del precio del petróleo. Es decir que al igual que a lo largo de su historia, la política social del Estado venezolano está supeditada a la evolución de la renta petrolera.Para ponderar entonces el grado de “revolución” que ello ha implicado debemos remitirnos a otro de los grandes booms petroleros venezolanos: el de los sesenta-setenta. Tal como vemos en el gráfico Gasto público per cápita, el gasto en materia de educación, salud y desarrollo social bajo el chavismo se encuentra muy por debajo de los niveles históricos más elevados: en materia educativa, hacia 1977 el gasto per cápita era de 1.377 bolívares, es decir, un 8% por encima de la apuesta bolivariana. En materia de salud, el derrumbe resulta claro si consideramos que hacia 1978, el gasto se ubicaba en 1.157 bolívares, esto es, más de tres veces superior al mejor momento del chavismo. En materia de desarrollo social el gasto social se ha retraído casi a la mitad de las marcas de inicios de los noventa. Así las cosas, el socialismo bolivariano no puede superar en términos históricos la década de oro capitalista comprendida entre 1950 y 1970 en el país caribeño.Analgésicos para un enfermo crónico

Cómo hemos visto en los acápites anteriores, el chavismo ha implicado una mejora en las condiciones de vida de determinadas fracciones de la clase obrera, principalmente, en materia educativa. No obstante, el nivel de prosperidad o el grado de “revolución” en las vidas debe ser ponderado en términos históricos. Toda la maquinaria asistencial chavista no ha superado los niveles de gasto de la belle époque del capitalismo venezolano. Por ello, el proclamado socialismo de siglo XXI en el Caribe bolivariano no implica un cambio de fondo en las relaciones sociales capitalistas. El gasto social chavista, tal como da cuenta la evolución en los precios del petróleo, se asienta sobre el aumento del costo de barril de petróleo tal como queda expresado en el gráfico Evolución del precio del petróleo. Si el gasto educativo, aquel donde vimos el mayor salto, se asemeja a los de la década del setenta se explica por la similitud de los precios entre uno y otro período. En este punto, creemos que la estrategia chavista pareciera ser la de compensar los ingresos de fracciones de la sobrepoblación relativa (indígenas; obreros expulsados u ocupados en condiciones de productividad por debajo de la media) sin alterar el cuadro estructural más general que los colocó en esa situación. En esa dirección puede comprenderse la creación de una red de cooperativas o la regeneración del tejido empresarial desmantelado en los noventa como base de operación de las misiones.

Ahora bien, resulta indudable que algunas de esas fracciones de la clase obrera tuvieron un mejoramiento relativo en sus condiciones de vida bajo el chavismo. Esa base material explica el apoyo de masas que éste ha cosechado así como el carácter contradictorio de las políticas sociales bonapartistas. Aunque no debemos olvidar que, en última instancia, ese sustento no se asienta en la confiscación del capital, sino en la ganancia extraordinaria que constituye la renta petrolera. Es decir, el poder político ha permanecido en manos de la misma clase social que dominaba antes del chavismo. Sólo el exponencial aumento de la renta ha permitido ceder demandas sin poner en juego el nervio del sistema. Pero esta tensa convivencia se asienta sobre precios petroleros altos, situación que cualquier crisis internacional revierte y reasigna en un abrir y cerrar de ojos. En ese caso, queda claro qué es lo que el chavismo va a hacer.

Si la crisis hace que la maquinaria de subsidios se retraiga esos mismos sectores que apoyan a Chávez le darán rápidamente la espalda. En las elecciones del 20086, en un contexto de contracción del gasto, el chavismo sufrió en revés en las elecciones parlamentarias. Este hecho puede no ser sino un pequeño anticipo de lo que puede llegar a suceder en caso de que los precios del crudo comiencen a caer. Ni hablar de cuando se desplomen.

Chavez cuadro
Notas
1 Véase el debate entre Fernando Dachevsky y Modesto Guerrero en las páginas 6 y 7 de este número.
2 Modesto Guerrero: “El dilema de una economía rentista y una revolución desaforada”, en: http://modestoguerrero.com/node/170
3 Datos extraídos del Ministerio de Poder Popular para la Salud, Fundación Robinson, Unión de Estadística de Mercal-FUNDAPROA.
4 Se trata de precios constantes, IPC 2008=100.
5 PDSA y sus filiales: Informe de gestión anual. 2009. Los valores se hallaban expresados en millones de dólares y fueron convertidos a bolívares fuertes con tipo de cambio nominal. También se aplicó el IPC 2008=100.
6 En esa oportunidad si bien el chavismo sacó menos votos que la oposición sólo logró hacerse del 60% de los escaños gracias a una reforma en la ley.

Te podría interesar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *