El irresistible encanto de la lucha armada. El Malena y los problemas estratégicos en los años ‘60 – Julieta Pacheco

ver (1) En el marco de la discusión sobre cuál es la estrategia revolucionaria  adecuada para la Argentina presentamos aquí el debate que, en torno a  este problema, sostuvo el Movimiento de Liberación Nacional (MLN) en  la década del ’60. La importancia de observar este debate radica en el  enorme espacio que ocupó la cuestión estratégica en aquellos años, así  como los alcances y los límites de aquellos que no optaron por la vía  armada a la hora de enfrentar a los que sí se volcaron a este tipo de lucha.  En este caso, observaremos como intervenía una organización que a pesar  de rechazar el inicio del accionar armado en la Argentina, mantuvo relaciones fluidas con el gobierno cubano y participó en la reunión Tricontinental, realizada en La Habana en 1966. El MLN, a pesar de sus argumentos, terminó preso de sus propias contradicciones, perdiendo la discusión y defendiendo las prácticas armadas que se tornaron masivas a partir del ’70.

Pacifismo vs. lucha armada

El MLN batalló contra el reformismo pacifista del Partido Comunista Argentino (PCA), apoyando a los movimientos armados como el cubano o el vietnamita y sosteniendo que la violencia era intrínseca al sistema. Desde su perspectiva, sólo mediante la lucha armada había posibilidades de tomar el poder.1 En tal sentido, toda la producción escrita del MLN en relación a este problema tendría como único objetivo luchar:

“contra el desviacionismo pacifista que cree posible la revolución por vías reformistas [y] tomar partido en la polémica que existe también en el campo de quienes sostenemos la imprescindible necesidad de la lucha armada.”2

El debate a nivel mundial tuvo su momento culminante en la realización de la reunión Tricontinental. Este evento fue el más importante de la izquierda revolucionaria, en donde se ratificó que la estrategia para toda Latinoamérica sería la guerrilla rural.3 Asimismo, se creó una entidad que centralizaría a todas las organizaciones que adhirieran a la estrategia armada, la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS). Con la OLAS se intentaba ejecutar, a nivel internacional, las resoluciones de la Tricontinental. En 1967, en La Habana se llevó a cabo la primera reunión de la OLAS, a la cual, también, asistió el MLN.

Foquismo vs. insurreccionalismo

A pesar de defender la vía armada, el MLN criticó la extrapolación a otros países de la experiencia cubana, considerando que las estrategias nacionales debían surgir de la situación económica, social y política de cada país. Desde este enfoque discutió con los defensores de la teoría del “foco”, difundida por Regis Debray quien, para el MLN, no reflejaba lo sucedido en Cuba. En este sentido, consideró que era necesario aclarar qué tipos de formas armadas existen y cuáles corresponden a cada momento y situación histórica. No discernir estos puntos habría llevado a que “gran parte de quienes adhieren a la vía armada no distinguen entre la violencia ligada a las masas y la violencia desatada sin esa ligazón”.4 Por su parte, el MLN distinguía tres modelos para la vía armada:

“la insurrección general, centrada en las grandes ciudades, según el modelo de 1870 y de la revolución rusa de 1905-1917; la guerra revolucionaria dirigida por el proletariado urbano, pero desarrollada fundamentalmente en el campo […] ‘cerca de la ciudad’, según el modelo chino y vietnamita; el ‘alzamiento’ de un grupo de revolucionarios que esperan provocar, a partir de su enfrentamiento aislado y definitivo contra el sistema el apoyo de las masa populares, según el modelo de Blanqui y de la guerrilla ‘foquista’ inspiradas por Cuba, tal como se llevó adelante en Salta en 1964 y últimamente en Bolivia.”5

En primer lugar, a partir de esta descripción, el MLN consideró que “el camino de la revolución socialista hacia la toma del poder sólo puede recorrerse por alguno de los dos primeros caminos y que el tercero lleva inevitablemente al fracaso”.6 En segundo lugar, observamos que el MLN identificó foquismo con blanquismo como forma de argumentar el fracaso de la propuesta guevarista, restándole toda posibilidad de éxito en la Argentina.7 Sobre la base de esta clasificación el MLN elaboró una serie de críticas al accionar del Ejercito Guerrillero del Pueblo (EGP) y el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNRT). Por un lado, a ambos les criticó el aislamiento de las masas al que los conducía su accionar y la falta de construcción de un partido. Por otro lado, al EGP le cuestionó la elección del ámbito geográfico rural y la práctica guerrillera y al MNRT su desmesurada violencia durante el asalto al Policlínico Bancario.
Estas críticas tomaron una mayor consistencia en un artículo que escribió Ismael Viñas, en el primer aniversario de la muerte del “Che” Guevara. En primer lugar, Viñas argumentó por qué esta estrategia no tenía viabilidad en nuestro país, presentando el siguiente análisis:

“aquí la población urbana […] llega al 72% […] Téngase en cuenta que aún en provincias que suelen atraer la atención de los partidarios de la guerrilla en el campo, como Tucumán, sobre los 800 mil habitantes totales más de 350 mil viven en San Miguel, su capital..”8

Con estos datos sostenía que “en nuestro país la estrategia revolucionaria debe centrar sus esfuerzos en las grandes ciudades”.9 Por lo tanto, podemos decir que a lo largo de nueve años el MLN mantuvo su posición crítica al respecto del uso del accionar armado en la Argentina, sosteniendo que era “imprescindible que se cree la organización revolucionaria”. Esta organización debía insertarse en las masas a partir de una acción de propaganda y su lucha debía culminar en una insurrección. Para llegar a esa etapa final, sería necesaria “la labor política de masas de la organización revolucionaria, que no puede ser reemplaza por una acción puramente guerrillera”.

El fracaso de una experiencia

Como pudimos observar, a lo largo de su existencia, el MLN mantuvo en este debate una posición crítica hacia la copia de experiencias ajenas a la realidad Argentina. Sin embargo, hacia fines de los ’60 apoyará las acciones armadas de propaganda en las ciudades. En 1968, en el mismo momento en que Viñas argumentó por qué en la Argentina no era viable la estrategia armada rural, dejó entrever que sí existía la posibilidad de desarrollar acciones armadas en las zonas urbanas:

“el peso de la lucha, no sólo política sino también militar, se centra en la ciudad […] surge de un análisis de cada sociedad en su conjunto […] En un país predominantemente rural y de población campesina mayoritaria, lógico es que la estrategia se base en la guerra en el campo y procure el apoyo político del campesino como factor decisivo de la revolución. En cambio, en una sociedad predominantemente urbana e industrial, el peso masivo del proletariado de la industria crece, la lucha armada debe tener en cuenta la guerra en la ciudad y el papel del campo se relativiza. Ese es nuestro caso.”10

Estas declaraciones se concretaron en el momento en que el MLN integró un frente denominado Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR), el cual defendía la lucha armada. El MAR estaba integrado, además, por el Partido Comunista Revolucionario (PCR), el PRT-El Combatiente, Acción Revolucionaria Peronista y Juventud Peronista de la ciudad de Santa Fe, entre otros.
A pesar de que el MLN planteaba que “las coincidencias con el MAR han sido elaboradas para llevar a cabo acciones en común de propaganda y agitación”11, refiriéndose al accionar armado como una forma más de lucha y no como una estrategia, este frente se definía claramente:

“por la lucha armada como la vía para derrotar el poder oligárquico imperialista e instalar un gobierno popular revolucionario […] el MAR la postula como el camino para la toma del poder”12

Asimismo, según el MLN, el MAR “no propone la lucha armada como método de acción inmediata […] pero [permite] acuerdos especiales del uso de la violencia armada de propaganda, autodefensa, etc.”13 De esta manera el MLN intentó justificar su participación en el MAR argumentando que este frente no planteaba el inicio inmediato de la lucha armada, lo cual sería falso, ya que, no sólo el PCR estaba discutiendo la viabilidad estratégica o no de la lucha armada en nuestros país, sino que el PRT-El Combatiente ya se había definido claramente por esta estrategia.14 
Como podemos observar, el MLN, a pesar de partir de una crítica correcta al accionar armado en la Argentina, cedió frente a la línea estratégica que se impondrá de forma masiva a partir de los años ’70. Esta contradicción fue una manifestación de la crisis interna por la cual atravesaba y de sus dificultades, en un contexto en donde la estrategia armada se presentaba a los ojos de muchos como una alternativa exitosa de construir una organización independiente para la clase obrera adecuada a la estructura argentina.

NOTAS

1Viñas, Ismael: “Los caminos de la revolución”, en Liberación nº 54, 2º quincena de octubre, año VII, Buenos Aires, 1968, p. 4.
2Consejo de Redacción: “Lo clásico y lo actual en la revolución vietnamita”, en Problemas del tercer mundo nº 2 diciembre de 1968, p. 11.
3Castro, Fidel: Segunda declaración de La Habana, 4 de febrero de 1962.
4Consejo de redacción, op. cit., p. 11-12.
5Ídem.
6Ídem, p. 12.
7Mientras el foquismo se plantea como una estrategia de construcción de poder a partir de tareas militares, el blanquismo, como el putchismo, plantea acceder al poder a partir de un golpe de mano de un grupo reducido.
8Viñas, Ismael, op. cit.
9Ídem.
10Ídem.
11Ídem.
12Secretariado Nacional: “Independencia de clase y política de alianzas”, en Liberación nº 61, 1º quincena de mayo, año VIII, Buenos Aires, 1969, p. 4. El Secretariado Nacional estaba integrado por Ismael Viñas, Osvaldo Aguirre, Julio Calderón, Raúl Montes, Gustavo Travín y José G. Vazeilles.
13Ídem.
14Ver las resoluciones del IV Congreso, el 25 y 26 de febrero de 1968, en De Santis, Daniel: ¡A vencer o Morir! PRT-ERP Documentos, (Tomo 1), Eudeba, Bs. As, 1998.

 

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